No creo que pueda plasmar en palabras la experiencia que acabo de vivir pero voy a intentarlo. Aunque seguramente las palabras se quedan cortas. La primera que se me pasa por la cabeza es: BRUTAL.

Para alguien acostumbrado a vivir entre fieras esto puede parecer excesivo. Un HYPE en toda regla. No me lo tengáis en cuenta por favor, lo que pasa es que llevo 4 años viviendo en un pueblecito de 2500 habitantes en medio del desierto.

Hoy hemos ido al Rhino & Lion Nature Reserve a pasar el día. Se encuentra a 50 minutos en coche desde River Club (de casa). Nunca 10€ (que cuesta la entrada por persona, los menores de 3 años entran gratis) han dado tanto de sí. Una experiencia muy recomendable. A falta de poder ir de safari, que presumo debe ser más auténtico por estar los animales en su hábitat natural y sin ningún tipo de restricción de movimiento, esta reserva ha saciado nuestras urbanitas ansias de escapada salvaje satisfactoriamente. Por otro lado, no nos queda otra, puesto que no se permiten bebés en los safaris; supongo que por seguridad y para que no ahuyenten a los animales con sus pintorescos chillidos y alaridos.

La reserva tiene 1200 hectáreas con un perímetro exterior vallado, además de otro interno para separar a los depredadores de los demás animales. Abrió en 1990 con dos rhinos blancos y algunas gacelas. Hoy  dispone de 650 especies. Pese a no estar estrictamente en libertad, los animales herbívoros campan a sus anchas -sin vallado intermedio alguno- y mezclados entre sí. Un grupo de cebras se ha cruzado en nuestro camino para echar a unos pobres avestruces (cuya envergadura, que no su peso, era pareja a la de sus rayadas vecinas) y comerse su comida.

Rinocerontes, hipopótamos, búfalos, leopardos, guepardos, jaguares, antílopes, gacelas, oryxs, ñus, wild dogs, impalas, buitres, etc. Por citar algunas de las especies que hemos visto. Demasiados animales para procesar y disfrutar en un solo día. Pero, sin duda, las estrellas indiscutibles son los leones y tigres. Como animales depredadores que son, son los únicos que están en un terreno cercado por una valla eléctrica dentro de la reserva. Está terminantemente prohibido bajar del coche en todo el recinto excepto en el visitor centre y cuando accedes al predator camp recomiendan tener el coche siempre en marcha y no abrir las ventanillas más de un 33%. Se curan en salud con un waiver que les libera de cualquier responsabilidad. Tras hacer las pertinentes fotos se nos ha ocurrido preguntar al vigilante si podíamos acceder dentro del recinto de los leones blancos y, para nuestra sorpresa, ha accedido. Hemos tenido a una manada a menos de 10 metros sin otra protección que nuestro coche. Una de las hembras se ha levantado para acomodarse en otro sitio y el corazón me ha dado un vuelco, le han acompañado los dos leones que no se han sentado hasta que la hembra se ha postrado de nuevo.

Tras conocer a los adultos, nos hemos acercado a conocer a sus bebés, que se encuentran en una zona llamada Aminal Creche, separados de sus papás. Pese a que el lugar en sí es bastante amplio y está muy cuidado, esta zona sí me ha  recordado más a un zoo y me ha parecido algo más triste. Para disfrute del turista por apenas tres euros puedes acceder a su espacio durante 5 minutos y hacerte fotos acompañado de un guía/cuidador que no para de insistir en que toques a los cachorros. Me he llevado de regalo una caricia de un leoncillo (de 5 meses de edad y 40 kilos) que por precaución tenía las “uñas” cortadas. Muy guiri todo, lo sé, muy típico también, pero no por eso es menos emocionante.

He visto a los tigres desde la barrera, estaban más juguetones que los leones y tenía excusa: los menores de 16 no pueden entrar por ser estos más feroces y me he ofrecido a quedarme con el peque. Oli, el cuidador, se ha acercado primero a saludarles y los tigres se le han tirado encima. Él se reía mientras diestramente bloqueaba sus mandíbulas, casi siempre dirigidas a la femoral o a la yugular, para evitar males mayores. Es curioso ver cómo juegan entre ellos pero también cómo interactúan con el cuidador. Cuando éste jugaba con uno de ellos, el otro tigre se acercaba sigiloso por la espalda, imagino que dirigido por su instinto depredador.  Aprenden a cazar jugando y éstos tenían la lección muy aprendida pese a su corta edad (4 meses, 50 kilos). Un mínimo movimiento de estas fieras, una mirada y el corazón se te encoge. Adrenalina pura y mucho respeto.

De la reserva al zoo

Hablar ahora del zoo de Johannesburgo, al que fuimos la semana pasada, puede parecer baladí, pero no por ello voy a dejar de recomendar ese lugar. No soy muy fan de los zoos, me entristece ver a los animales enjaulados y por esta razón no debería visitarlo, lo sé. Pero caí. El zoo de Johannesburgo, que tiene 55 hectáreas, parece pretender ser más respetuoso con los animales. O esa fue la sensación que me dió. Tanto que a veces cuesta encontrarlos. Nos pasó con el cheetah (guepardo) al que estuvimos “acechando” más de veinte minutos y al que finalmente nos fuimos sin ver. Dicho así puede sonar a queja pero nada más lejos de la realidad. Volveremos otro día a ver si tenemos más suerte con los tímidos.

Va de leones

Hace un par de semanas visitamos el Lion & Safari Park, no confundir con el Rhino & Lion Nature Reserve. Y aunque no tiene nada que ver, es interesante también la visita. Mucho más moderno y seguro (al vallado eléctrico suman también un suelo electrificado en las puertas para que no se despisten los felinos), pero con menos variedad de animales y su extensión es mucho menor también. Lo bueno, que tienes a los animales más cerca y que difícilmente pueden escapar a tu objetivo. Tanto que debes ir con mucho cuidado para no pisarlo (literalmente).

Próxima visita: Kruger park safari.

 

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