Esta mañana tenía la esperanza de que todo hubiera sido un sueño, o mejor dicho, una pesadilla. Hablo, claro está, de lo acontecido ayer en mi ciudad, Barcelona. Brutalidad en estado puro. Pero el dolor no viene de porras ni pedradas. El dolor viene por el odio profundo de unos a otros. Las ganas de herir al compañero, al conocido incluso al amigo. “Solo” por defender otras ideas. ¿Estamos todos locos? ¿Por qué este odio? ¿Por qué si quiera existen palabras como hispanofobia o catalonofobia? ¿Por qué nos tenemos tan poco respeto? ¡Qué poco nos queremos! No hemos aprendido nada.

Terrible arma la que tenemos todos en nuestras manos que nos convierte en monstruos apáticos. Escupimos veneno en lugar de hablar. Arrojamos piedras contra amigos, familia. Juzgamos. Prejuzgamos. Señalamos. Ayer, tras semanas ignorando el Facebook -con lo que he sido yo- colgué un video de violencia policial sin poner comentario alguno.  Ni tres minutos después empiezan a llover críticas procedentes de mi otra casa, Madrid. Tras un par de contestaciones  me doy cuenta de que eso ya no va conmigo; no quiero contribuir a crear más odio. Escucho a mi mejor amiga -que suele ser bastante más sensata que yo- y borro el video. El que me conozca sabe que costó pero no me arrepiento. No voy a entrar en su rueda, ni el de un bando ni del otro. No quería polemizar. No quería incomodar a nadie. No buscaba provocar, sí denunciar una situación que, a mi parecer, es injusta.

Cerré Facebook y abrí WordPress. Lo hice hasta en cuatro ocasiones -también después de muchos días ignorándolo por otros motivos- y lo volví a cerrar sin escribir un solo caracter. No era el día. Demasiados sentimientos encontrados. Pensé que hoy me sentiría algo mejor. Estaba equivocada. Estoy profundamente dolida. Abatida. Por tanto odio, tanta violencia. Tanta falta de empatía. Tanto rencor. Tan poco amor. Sin embargo, hoy -a diferencia de ayer- no me callo. Tengo voz, tengo opinión. Y quiero decir lo que ayer denuncié mediante un video: que no justifico ningún tipo de violencia, independientemente del uniforme que se lleve o bandera que se sostenga.

Y ya que estoy, apelar un poco a la cordura y al diálogo. Otro matiz. Aquí ni tu ni yo somos culpables. Ni tu ni yo hemos llevado al país a esta situación. Aquí los únicos responsables son los políticos de nuestro querido país que han sido incapaces de sentarse, de dialogar, de escuchar al otro. De hacer su trabajo por el que todos les pagamos. Pero, en cambio, somos tu y yo los que nos lanzamos bolas de goma.

Los que veis en mi escrito una posición política, una información sesgada, es vuestro problema. No el mío. Mis horas me ha llevado reunir el valor de esperar para expresarme. Quería huir de mi impulsividad que tanto daño me hace y que tantas noches en vela me ha traído. Siento mucho y muy intensamente y me duele el corazón literalmente al leer según qué cosas de gente que aprecio. Soy consciente de que éste sí es un problema mío. Ayer conseguí dormir tras muchas vueltas, gracias a unas disculpas que llegaron a tiempo. Sí, desde Madrid. Gracias a los dos, de corazón.