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Devastada. Rota por estar tan lejos de los míos, tan lejos de Barcelona. Hoy especialmente. No me salen las palabras. Podría hablar de tristeza, de impotencia, de horror. Sin embargo, éstas se quedan cortas. ¡Cuanto dolor!. Machacada al revisar los terribles videos que están difundiendo vía whatsapp o los propios medios de comunicación. “No cal”, que diríamos en Cataluña (no es necesario). De verdad. Entiendo las ganas de comunicar, de informar, de ser los primeros. ¡Cómo no lo voy a entender! Sin embargo, no creo que ayude ni aporte nada más que dolor y angustia. Un periodista ha llamado a mi hermano preguntándole por si tenía vídeos. En el momento del atentado se encontraba en el centro de Barcelona, atrapado -como tantos- en su lugar de trabajo. No, no ha grabado videos ni mucho menos iba a difundirlos. Respeto y coherencia. Mi prima hermana sigue a estas horas encerrada en su lugar de trabajo, su jefa les ha preparado té y les ha prometido transporte hasta casa cuando sea completamente seguro marchar.

Todos los días suceden tragedias que suponen el día más triste en la vida de algunos. Esos mismos días ocurren milagros que hacen que sea el día más feliz para otros tantos. Hoy es un día de tristeza insondable para mí y para muchos, pero no pierdo la fe en la humanidad. Porque enfrente de cada uno que busca el odio somos millones tratando de amar.

 

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Se puede venir a África y vivir la cómoda -aunque no siempre fácil- vida del expatriado. O se puede venir a sumar, por ti, y, sobre todo, por los demás. Prestarle atención a quienes no la reciben normalmente. Allanar el camino de aquellos que no tienen zapatos, quitarles alguna piedra del camino o brindarles calzado. Algunos “solo” quieren tu tiempo, ese eterno aliado al que culpamos y ponemos de excusa tantas veces. No es el caso de Cristina, Francisca, Begoña. Mamás que desafían a diario al reloj, arañándole horas para poder dedicarles ratitos a los que menos tienen, a los eternos olvidados por la gran mayoría. Ellas y otras tantísimas son un maravillosa excepción que marcan la diferencia sin buscarlo, desde la humildad.

Hoy Cristina me ha llevado a un sitio de estos que marcan la diferencia. Un rayito de luz enmedio de la difícil Jeppertown, uno de los barrios mas castigados y pobres de Johannesburgo. El proyecto Streetlight Schools se materializa en Jeppe Park Primary, reconocida como escuela desde hace solo un año y que ya cuenta con más de 150 niños. Pequeños que hace apenas unos meses no sabían coger un lápiz (literalmente) y que hoy plasman en redacciones, con una caligrafía enviable en muchos casos, que quieren ser maestros o bomberos. Jóvenes, con grandes bloqueos emocionales, que vienen de hogares rotos, violentos. Uno trae una pistola el primer día de cole. Otro va loco detras de las niñas.  ¡Lo que habrán visto/vivido en casa! ¡Qué “normalidad” tan cruel!

La escuela está ubicada en una antigua fábrica abandonada -como tantas- tras el fin del apartheid. En un barrio de esos por lo que no conviene perderse. Como tantos. Llegamos a la hora del almuerzo, para muchos su única comida del día. Nos reciben Melanie y Heidi, dos valientes empeñadas en ofrecer educacion de calidad a los menos favorecidos. La primera, abogada de buena familia (Smuts) con demasiadas inquietudes. Y la segunda es una experimentada maestra con las ideas clarísimas y con el método Workshop como bandera. El hermano de Melani, arquitecto e interiorista, mediante magia y a base de materiales reciclados y sostenibles, ha creado unos espacios únicos y a la altura de las galerías más cools de Arts on Main (que se encuentra a escasos metros de aquí).

Nada más llegar se disculpan por la falta luz, nos cuentan que el cuadro general ha fallado y el ayuntamiento debe reemplazarlo, sin embargo es tan antiguo como difícil de encontrar actualmente. Poco importa a alumnos y maestros. Además, las clases estan dotadas de grandes cristaleras que dejan pasar la luz. Y es que como dice su fundadora no se necesitan grandes instalaciones ni grandes medios para enseñar. Con poco se puede hacer mucho. Y este es el mejor ejemplo que he encontrado.

Por si queréis conocer un poquito más deste proyecto os paso este artículo de ABC: http://www.abc.es/sociedad/abci-ensenanza-calidad-low-cost-barrio-desfavorecido-201706080311_noticia.html

 

Hoy es uno de esos días en los que desearía con todas mis fuerzas estar en casa. Es especiamente duro estar tan lejos. Y es que hoy, además de echar de menos a los míos, echo de menos mi ciudad. El día en que Barcelona se viste con pétalos y huele a papel. En cada rincón florecen paradas de rosas y libros. La gente regala, recibe y sonrie más. Hoy no me importaría pasear por las abarrotadas Ramblas, aunque eso signifique recibir algún codazo -sin mala intención, espero- de los que quieren abrirse paso en un mar de turistas sin prisas. A los que, por cierto, echamos la culpa por saturar nuestras calles y no permitirnos disfrutar de nuestra ciudad en plenitud.

Este año nos hemos traído un pedacito de la Diada a Johannesburgo. La excusa perfecta, además, para ponerle cara a catalanes y otros expatriados que solo “conocía” por whatsapp.  Un desayuno en un club deportivo, decenas de rosas, puntos de libros hechos a mano, libros para los peques (que se han tenido que ganar) y la lectura de la leyenda de Sant Jordi con su dragón, el caballero y la princesa sin nombre.

Dicen que se ha escapado un tigre en Bryanston, un barrio de Johannesburgo y que aconsejan a los vecinos que cierren las ventanillas de sus coches mientras conduzcan por los aledaños. Vamos, lo típico. Lo anuncia un trabajador de la “Animal control Unit” a pie de calle cartón en mano y escrito a mano (véase foto para creer). Quizá no se trate más que de un bulo que sueltan de vez en cuando para agitar una apacible mañana. Quizá. O quizá no. A mí no me miren que yo acabo de llegar. Welcome to South Africa!

 

 

Algunos medios locales que se hacían eco de la noticia a primera hora de la mañana para luego desmentir la noticia. (http://fourwaysreview.co.za/248408/tiger-on-the-loose-a-hoax/).

 

Llevo días, que digo días, semanas, intentando terminar esta entrada. Ardua tarea la de sintetizar en pocas líneas tantas vivencias, tanto sentir. No consigo reunir el coraje para cerrar este capítulo. Tampoco me parece justo no hacerlo, así que ¡ahí va!

Tonopah me ha cambiado. Mucho. Me ha curtido, sacudido, conmovido. No soy la misma, ni mejor ni peor, distinta. Mi visión de muchas cosas también ha cambiado. De la soledad, por ejemplo, tras tres años y medio allí no solo me he acostumbrado a ella si no que he aprendido a disfrutarla. Y con esto no quiero decir que allí estuviera sola, he tenido la suerte de conocer a personas increíbles, las cuales espero que sigan formando parte de mi vida siempre (aunque, por desgracia, no pueda verlas todos los días ahora). Sin embargo, hay muchos momentos en los que tú eres todo lo que tienes y hay que salir a flote incluso en los días más grises.

Estos más de 40 meses han dado para ratillos duros, críticos incluso (soy un tanto dramática cuando me pongo). Y es que la soledad del primer momento y la distancia no son buenas compañeras de viaje. Alejarte tanto de lo conocido, salir de tu zona de confort y que sea durante tanto tiempo da mucho vértigo al principio. Empezar de cero no es sencillo, pero es muy gratificante, y una experiencia muy recomendable. Yo, sin dudarlo, repetiría.

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Poco me imaginaba, allá por enero de 2012, que encontraría mi lugar en aquel pedacito de desierto. Que vibraría cada fin de semana con el equipo local, los Muckers, y que lloraría cuando uno de sus entrenadores Harvey (Javier) nos dejaba por un maldito cáncer, poco después de llevar a su equipo de volleyball al Campeonato Estatal.

Mucho ha nevado desde que aterricé en la capital del Nye County cargada de dudas y de camisas de cuadros. Recuerdo como si fuera ayer el día que pisé por primera vez el Tonopah Times-Bonanza. Vestida para agradar y con cierto temor al rechazo. ¡Qué equivocada estaba! No solo encontré un trabajo hecho a mi medida que me permitió ganarme el cariño de mis vecinos, encontré una familia. Mis confidentes, mis maestros, mis referentes.

Y más que trabajo fue un regalo. No soy una “morning person”, sin embargo debo confesar que esperaba con anhelo que llegaran los jueves, y no solo para ver en papel los artículos que escribía (que también). ¡Qué bien sabía el hot chocolate de las 6 de la mañana mientras preparábamos los envíos de las suscripciones del Tonopah Times y repartíamos los diarios por los comercios locales! Qué poco me importaba el madrugón. Y qué bien entraban los “ligeros” desayunos gentileza de Burger King, Subway o Kozy Corner, un imprescindible para coger fuerzas y afrontar las visitas de los vecinos que venían al periódico en busca de su ejemplar y de un poco conversación.

Lo bueno no había hecho más que empezar. Llegaba el viernes y con él, el deporte local, sección en la que debuté como reportera dicho sea de paso. Concretamente, en baloncesto femenino, ¡qué más se puede pedir! La primera vez que entrevisté a un entrenador, Coach Eddie Cobb, me temblaban hasta las piernas. Fue paciente y comprensivo, como el resto de técnicos y jugadores que fueron víctimas de mi grabadora (sin excepción). Cada historia que contaba me unía aún más a esta pequeña gran comunidad.

Allí conocí el sentido de periodismo cercano hecho por y para el pueblo. Sin formalidades ni formalismos incluso cuando recibimos la visita de un congresista, Crescent Hardy, que llegó conduciendo él mismo un Ford (como era de esperar) y acompañado únicamente por su directora de comunicación y un asesor. Campechano y cercano.

Carretera y manta (On the road)

Las 80.000 millas que tiene nuestro atrotinado Ford Focus atestiguan que han sido tres años moviditos. Y es que tener Los Angeles a 6 horitas de coche, San Diego a 7h, San Francisco a 8h es un verdadero lujo que hay que exprimir al máximo, y un peligro también. Es increíble lo rápido que te haces a las largas distancias en este inmenso país (distancias que ya consideramos medianas o incluso cortas). Pero no hace falta irse “lejos” para disfrutar de rincones de ensueño: Mammoth (CA) y Lake Tahoe (CA) están a un suspiro de casa y Las Vegas, a un paseíto.

Chicago, Nueva York, Washington, Baltimore, Portland, Seattle, Salt Lake City, HAWAII, Gran Cañón, Yosemite, Death Valley y Muse, Imagine Dragons, The Offspring, The Postal Service, David Copperfield, Calvin Harris, Aviccii, David Guetta, Cirque Du Soleil, Lakers vs Clippers, San Diego Chargers vs Denver Broncos, etc. Son solo algunos de los lugares, artistas y espectáculos que han pasado a engordar nuestra lista de vivencias inolvidables. Y es que este país tiene tanto que ofrecer que no te lo acabas ni queriendo. Demasiado que procesar en aquel momento, ahora lamento no haber podido saborearlo más lentamente.

De todo lo que me ha dado este país me quedo con su gente sin dudarlo. Parlanchines, amables, complacientes, tan patrióticos ellos. Exageradamente polite a veces, tanto que te cambia los esquemas y cuando vuelves llega a mosquearte, por ejemplo, que tu vecino con el compartes escalera desde hace 15 años no sepa ni tu nombre o que un dependiente prefiera seguir plegando camisas a dedicarte un saludo en una tienda. Está claro que carburan distinto en el otro lado del charco.

Lejos ya del vasto desierto de Nevada, afincada en Madrid, y a la espera de una nueva aventura que me permita seguir creciendo y conocer rincones del mundo tan especiales como éste al que decimos hasta pronto. Pero no sin antes darle las gracias. Por todo lo que me has dado, que es mucho más de lo que nunca imaginé, ty (thank you) Tonopah, we had the time of our lives!


Menos mal que los unicornios no existen porque de ser así deberían aguantar las travesuras de los más pequeños de Nye County. Curiosamente éste fue uno de los regalos más solicitados por los niños de este pueblecito de Nevada las pasadas Navidades. Ah y si puede ser blanco, mejor que mejor. Pero sobre todo que sea “real”. Reales y sinceras son sus lineas a un Santa “Klaus” al que quieren con locura y del que esperan mucho.

De sus extensas cartas (adjuntas a continuación y transcritas en el periódico local en la edición de Navidad) saco un par de cosas claras: que estar “perdidos” en un pueblo de Nevada no nubla su imaginación y que son tan ambiciosos como mis paisanos más bajitos. Pasen y lean que no tienen desperdicio.

Un niño puede disparar un arma de fuego en un centro autorizado, sin embargo no puede entrar en una piscina donde haya una barra en la que sirvan alcohol o estar en las inmediaciones de las áreas de juego de un casino.  Es más, en mi pueblo los menores van de caza -y cazan- a edad muy temprana, una práctica que a nadie sorprende. Sin embargo no pueden pisar los bares locales ni para jugar al billar y al futbolin (foosball). Curioso. Y estas normas no solo van dirigidas a los estudiantes del Middle School (de 5 a 12 años) sino los también a los creciditos aunque menores de 21. Me temo que lo que pretenden es que los más indefensos e inocentes, no se corrompan con la actitud de sus mayores.

Otra cosa que me sorprende es que un niño pueda conducir a los 14 años (siempre y cuando demuestre que los padres no pueden acompañarle al colegio o trabajo) y, sin embargo, tengan que ir al médico acompañado de sus padres o tutores legales hasta los 18.  Conozco el caso de una amiga, Michelle, cuyo hijo con 17 se fue a vivir a Reno para continuar su formación en el college y cada vez que iba al médico -que, por desgracia, era a menudo- ella debía conducir 300 millas (4 horas de coche) para asistir a la visita médica.

Y esto no debe de ser un caso aislado teniendo en cuenta que la gran mayoría de los americanos -y más en pueblos chiquitines como el mío- vuelan del nido nada más terminar el High School (algunos se mudan incluso al día siguiente de graduarse). La graduación marca el inicio de una nueva vida lejos o muy lejos de su zona de confort. Quizá vuelvan algún día a criar a sus hijos a Tonopah junto a sus familias, pero su futuro, ahora mismo, está a millas de aquí. Los últimos en abandonar su home town es la promoción de 2015 (Class of 2k15 para ellos). Un grupo de chicos y chicas excepcionales que seguro que seguirán dejando huella allí donde vayan.