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Hoy es uno de esos días en los que desearía con todas mis fuerzas estar en casa. Es especiamente duro estar tan lejos. Y es que hoy, además de echar de menos a los míos, echo de menos mi ciudad. El día en que Barcelona se viste con pétalos y huele a papel. En cada rincón florecen paradas de rosas y libros. La gente regala, recibe y sonrie más. Hoy no me importaría pasear por las abarrotadas Ramblas, aunque eso signifique recibir algún codazo -sin mala intención, espero- de los que quieren abrirse paso en un mar de turistas sin prisas. A los que, por cierto, echamos la culpa por saturar nuestras calles y no permitirnos disfrutar de nuestra ciudad en plenitud.

Este año nos hemos traído un pedacito de la Diada a Johannesburgo. La excusa perfecta, además, para ponerle cara a catalanes y otros expatriados que solo “conocía” por whatsapp.  Un desayuno en un club deportivo, decenas de rosas, puntos de libros hechos a mano, libros para los peques (que se han tenido que ganar) y la lectura de la leyenda de Sant Jordi con su dragón, el caballero y la princesa sin nombre.

Dicen que se ha escapado un tigre en Bryanston, un barrio de Johannesburgo y que aconsejan a los vecinos que cierren las ventanillas de sus coches mientras conduzcan por los aledaños. Vamos, lo típico. Lo anuncia un trabajador de la “Animal control Unit” a pie de calle cartón en mano y escrito a mano (véase foto para creer). Quizá no se trate más que de un bulo que sueltan de vez en cuando para agitar una apacible mañana. Quizá. O quizá no. A mí no me miren que yo acabo de llegar. Welcome to South Africa!

 

 

Algunos medios locales que se hacían eco de la noticia a primera hora de la mañana para luego desmentir la noticia. (http://fourwaysreview.co.za/248408/tiger-on-the-loose-a-hoax/).

 

Llevo días, que digo días, semanas, intentando terminar esta entrada. Ardua tarea la de sintetizar en pocas líneas tantas vivencias, tanto sentir. No consigo reunir el coraje para cerrar este capítulo. Tampoco me parece justo no hacerlo, así que ¡ahí va!

Tonopah me ha cambiado. Mucho. Me ha curtido, sacudido, conmovido. No soy la misma, ni mejor ni peor, distinta. Mi visión de muchas cosas también ha cambiado. De la soledad, por ejemplo, tras tres años y medio allí no solo me he acostumbrado a ella si no que he aprendido a disfrutarla. Y con esto no quiero decir que allí estuviera sola, he tenido la suerte de conocer a personas increíbles, las cuales espero que sigan formando parte de mi vida siempre (aunque, por desgracia, no pueda verlas todos los días ahora). Sin embargo, hay muchos momentos en los que tú eres todo lo que tienes y hay que salir a flote incluso en los días más grises.

Estos más de 40 meses han dado para ratillos duros, críticos incluso (soy un tanto dramática cuando me pongo). Y es que la soledad del primer momento y la distancia no son buenas compañeras de viaje. Alejarte tanto de lo conocido, salir de tu zona de confort y que sea durante tanto tiempo da mucho vértigo al principio. Empezar de cero no es sencillo, pero es muy gratificante, y una experiencia muy recomendable. Yo, sin dudarlo, repetiría.

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Poco me imaginaba, allá por enero de 2012, que encontraría mi lugar en aquel pedacito de desierto. Que vibraría cada fin de semana con el equipo local, los Muckers, y que lloraría cuando uno de sus entrenadores Harvey (Javier) nos dejaba por un maldito cáncer, poco después de llevar a su equipo de volleyball al Campeonato Estatal.

Mucho ha nevado desde que aterricé en la capital del Nye County cargada de dudas y de camisas de cuadros. Recuerdo como si fuera ayer el día que pisé por primera vez el Tonopah Times-Bonanza. Vestida para agradar y con cierto temor al rechazo. ¡Qué equivocada estaba! No solo encontré un trabajo hecho a mi medida que me permitió ganarme el cariño de mis vecinos, encontré una familia. Mis confidentes, mis maestros, mis referentes.

Y más que trabajo fue un regalo. No soy una “morning person”, sin embargo debo confesar que esperaba con anhelo que llegaran los jueves, y no solo para ver en papel los artículos que escribía (que también). ¡Qué bien sabía el hot chocolate de las 6 de la mañana mientras preparábamos los envíos de las suscripciones del Tonopah Times y repartíamos los diarios por los comercios locales! Qué poco me importaba el madrugón. Y qué bien entraban los “ligeros” desayunos gentileza de Burger King, Subway o Kozy Corner, un imprescindible para coger fuerzas y afrontar las visitas de los vecinos que venían al periódico en busca de su ejemplar y de un poco conversación.

Lo bueno no había hecho más que empezar. Llegaba el viernes y con él, el deporte local, sección en la que debuté como reportera dicho sea de paso. Concretamente, en baloncesto femenino, ¡qué más se puede pedir! La primera vez que entrevisté a un entrenador, Coach Eddie Cobb, me temblaban hasta las piernas. Fue paciente y comprensivo, como el resto de técnicos y jugadores que fueron víctimas de mi grabadora (sin excepción). Cada historia que contaba me unía aún más a esta pequeña gran comunidad.

Allí conocí el sentido de periodismo cercano hecho por y para el pueblo. Sin formalidades ni formalismos incluso cuando recibimos la visita de un congresista, Crescent Hardy, que llegó conduciendo él mismo un Ford (como era de esperar) y acompañado únicamente por su directora de comunicación y un asesor. Campechano y cercano.

Carretera y manta (On the road)

Las 80.000 millas que tiene nuestro atrotinado Ford Focus atestiguan que han sido tres años moviditos. Y es que tener Los Angeles a 6 horitas de coche, San Diego a 7h, San Francisco a 8h es un verdadero lujo que hay que exprimir al máximo, y un peligro también. Es increíble lo rápido que te haces a las largas distancias en este inmenso país (distancias que ya consideramos medianas o incluso cortas). Pero no hace falta irse “lejos” para disfrutar de rincones de ensueño: Mammoth (CA) y Lake Tahoe (CA) están a un suspiro de casa y Las Vegas, a un paseíto.

Chicago, Nueva York, Washington, Baltimore, Portland, Seattle, Salt Lake City, HAWAII, Gran Cañón, Yosemite, Death Valley y Muse, Imagine Dragons, The Offspring, The Postal Service, David Copperfield, Calvin Harris, Aviccii, David Guetta, Cirque Du Soleil, Lakers vs Clippers, San Diego Chargers vs Denver Broncos, etc. Son solo algunos de los lugares, artistas y espectáculos que han pasado a engordar nuestra lista de vivencias inolvidables. Y es que este país tiene tanto que ofrecer que no te lo acabas ni queriendo. Demasiado que procesar en aquel momento, ahora lamento no haber podido saborearlo más lentamente.

De todo lo que me ha dado este país me quedo con su gente sin dudarlo. Parlanchines, amables, complacientes, tan patrióticos ellos. Exageradamente polite a veces, tanto que te cambia los esquemas y cuando vuelves llega a mosquearte, por ejemplo, que tu vecino con el compartes escalera desde hace 15 años no sepa ni tu nombre o que un dependiente prefiera seguir plegando camisas a dedicarte un saludo en una tienda. Está claro que carburan distinto en el otro lado del charco.

Lejos ya del vasto desierto de Nevada, afincada en Madrid, y a la espera de una nueva aventura que me permita seguir creciendo y conocer rincones del mundo tan especiales como éste al que decimos hasta pronto. Pero no sin antes darle las gracias. Por todo lo que me has dado, que es mucho más de lo que nunca imaginé, ty (thank you) Tonopah, we had the time of our lives!


Menos mal que los unicornios no existen porque de ser así deberían aguantar las travesuras de los más pequeños de Nye County. Curiosamente éste fue uno de los regalos más solicitados por los niños de este pueblecito de Nevada las pasadas Navidades. Ah y si puede ser blanco, mejor que mejor. Pero sobre todo que sea “real”. Reales y sinceras son sus lineas a un Santa “Klaus” al que quieren con locura y del que esperan mucho.

De sus extensas cartas (adjuntas a continuación y transcritas en el periódico local en la edición de Navidad) saco un par de cosas claras: que estar “perdidos” en un pueblo de Nevada no nubla su imaginación y que son tan ambiciosos como mis paisanos más bajitos. Pasen y lean que no tienen desperdicio.

Un niño puede disparar un arma de fuego en un centro autorizado, sin embargo no puede entrar en una piscina donde haya una barra en la que sirvan alcohol o estar en las inmediaciones de las áreas de juego de un casino.  Es más, en mi pueblo los menores van de caza -y cazan- a edad muy temprana, una práctica que a nadie sorprende. Sin embargo no pueden pisar los bares locales ni para jugar al billar y al futbolin (foosball). Curioso. Y estas normas no solo van dirigidas a los estudiantes del Middle School (de 5 a 12 años) sino los también a los creciditos aunque menores de 21. Me temo que lo que pretenden es que los más indefensos e inocentes, no se corrompan con la actitud de sus mayores.

Otra cosa que me sorprende es que un niño pueda conducir a los 14 años (siempre y cuando demuestre que los padres no pueden acompañarle al colegio o trabajo) y, sin embargo, tengan que ir al médico acompañado de sus padres o tutores legales hasta los 18.  Conozco el caso de una amiga, Michelle, cuyo hijo con 17 se fue a vivir a Reno para continuar su formación en el college y cada vez que iba al médico -que, por desgracia, era a menudo- ella debía conducir 300 millas (4 horas de coche) para asistir a la visita médica.

Y esto no debe de ser un caso aislado teniendo en cuenta que la gran mayoría de los americanos -y más en pueblos chiquitines como el mío- vuelan del nido nada más terminar el High School (algunos se mudan incluso al día siguiente de graduarse). La graduación marca el inicio de una nueva vida lejos o muy lejos de su zona de confort. Quizá vuelvan algún día a criar a sus hijos a Tonopah junto a sus familias, pero su futuro, ahora mismo, está a millas de aquí. Los últimos en abandonar su home town es la promoción de 2015 (Class of 2k15 para ellos). Un grupo de chicos y chicas excepcionales que seguro que seguirán dejando huella allí donde vayan.

  
 

Shopping 

¿Quién no ha soñado con emular a Julia Roberts en Pretty Woman comprando por Beverly Hills? Mi consejo: pasea por Rodeo Dr, fantasea, babea con sus escaparates, sus cochazos…pero a la hora de comprar, mejor cambia de barrio. En Melrose Avenue District puedes encontrar decenas de tiendas con ropa mucho más casual, original, vintage y de precio muy asequible. Si eres más de tiendas de segunda mano ésta también es tu calle.

Otra zona muy agradable para ir a pasear y comprar es  el Main Street de Santa Mónica, allí encontrarás un sinfín de tiendas pequeñitas (tomando como referencia el tamaño USA) con mucho encanto y prendas para todos los gustos y precios. Mi favorita, una joya llamada Varga – vale la pena entrar aunque solo sea para echar un vistazo-. Y para rematar la jornada de compras, qué mejor que tomarse algo en alguna de las terracitas de esta calle tan chic. 

Food time

A mi todo me da hambre y las compras todavía más. Si tuviera que recomendar un solo sitio en Los Angeles para comer éste sería el Farmers Market. ¿Por qué? Por su variedad. Se trata de un mercado donde encuentras todo tipo de manjares, también los más exóticos, y de buena calidad a buen precio y que, además, goza de zonas comunes para que cada uno pueda disfrutar de su comida compartiendo mesa eso sí con sus acompañantes a pesar de que sus gustos culinarios difieran mucho de los tuyos. Paseando por sus callejuelas seguro que se te abre el apetito y sino siempre puedes hacer un take away. Si eres de los que prefiere guisártelo tú mismo también estás en el lugar adecuado ya que aquí puedes encontrar productos de muy buena calidad y de todas partes del globo. También aquí se pueden encontrar los productos estrella de nuestro país con denominación de origen.

A pesar de que en el Farmers Market puedes comer sushi y del bueno, si eres amante de la cocina japonesa, mi apuesta es el Hara Sushi.  Con una buena relación calidad/precio y una carta amplísima, este local suele estar siempre bastante lleno, sin embargo la espera no suele exceder los 15 minutos ya que se trata de un local bastante grande y, además, los yankkes no hacen sobremesa. Un plus – por si hacía falta- un día a la semana suelen poner los rolls a mitad de precio. Otro Japo: Echi Sushi, ésta último con terraza.

Y hablando de terrazas para mí la mejor es la del Ale House, situado en Venice (mi paraiso urbano). Es un restaurante de comida orgánica de calidad, con un ambiente exquisito y muy buen rollo.  Tanto que la primera vez que fuimos con nuestro amigo Iñigo, los de la mesa de al lado nos regalaron una jarra de cerveza entera que les había ganado la batalla aquel viernes. ¿Os he dicho que, además, su apetecible terraza está abierta todo el año y que tiene vistas al mar? Mejor imposible, ¿no?

Cultura LAS 

Tres pinceladas de la historia de Nevada en tres rincones de Las Vegas:

Cementerio de Neones: Conocer la historia de Las Vegas a través de sus neones. Éste es, sin duda, uno de los lugares más cool de la ciudad del pecado. Durante una hora y media, entusiastas guías te transportan a Las Vegas de mitad del siglo pasado repasando a través de los luminosos las peripecias de esta peculiar ciudad. Muy recomendable.

Atomic Testing Museum: Entre el período comprendido entre 1951 y 1992 se realizaron 928 pruebas nucleares en Nevada Test Site.  Si te interesa todo lo que tiene que ver con la Guerra Fría y la era atómica, no puedes perdértelo. Este museo ha dedicado una de sus salas a la polémica Área 51, un espacio mucho más distendido donde podrás probarte unas gafas con visión alienígena y escuchar testimonios de aquellos que han vivido experiencias extraterrestres, entre otras cosas.

The MOB Museum Siempre hay que dejar algo pendiente para ver en una ciudad y así tienes excusa para volver, ésta puede ser una de ellas.