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Menos mal que los unicornios no existen porque de ser así deberían aguantar las travesuras de los más pequeños de Nye County. Curiosamente éste fue uno de los regalos más solicitados por los niños de este pueblecito de Nevada las pasadas Navidades. Ah y si puede ser blanco, mejor que mejor. Pero sobre todo que sea “real”. Reales y sinceras son sus lineas a un Santa “Klaus” al que quieren con locura y del que esperan mucho.

De sus extensas cartas (adjuntas a continuación y transcritas en el periódico local en la edición de Navidad) saco un par de cosas claras: que estar “perdidos” en un pueblo de Nevada no nubla su imaginación y que son tan ambiciosos como mis paisanos más bajitos. Pasen y lean que no tienen desperdicio.

Un niño puede disparar un arma de fuego en un centro autorizado, sin embargo no puede entrar en una piscina donde haya una barra en la que sirvan alcohol o estar en las inmediaciones de las áreas de juego de un casino.  Es más, en mi pueblo los menores van de caza -y cazan- a edad muy temprana, una práctica que a nadie sorprende. Sin embargo no pueden pisar los bares locales ni para jugar al billar y al futbolin (foosball). Curioso. Y estas normas no solo van dirigidas a los estudiantes del Middle School (de 5 a 12 años) sino los también a los creciditos aunque menores de 21. Me temo que lo que pretenden es que los más indefensos e inocentes, no se corrompan con la actitud de sus mayores.

Otra cosa que me sorprende es que un niño pueda conducir a los 14 años (siempre y cuando demuestre que los padres no pueden acompañarle al colegio o trabajo) y, sin embargo, tengan que ir al médico acompañado de sus padres o tutores legales hasta los 18.  Conozco el caso de una amiga, Michelle, cuyo hijo con 17 se fue a vivir a Reno para continuar su formación en el college y cada vez que iba al médico -que, por desgracia, era a menudo- ella debía conducir 300 millas (4 horas de coche) para asistir a la visita médica.

Y esto no debe de ser un caso aislado teniendo en cuenta que la gran mayoría de los americanos -y más en pueblos chiquitines como el mío- vuelan del nido nada más terminar el High School (algunos se mudan incluso al día siguiente de graduarse). La graduación marca el inicio de una nueva vida lejos o muy lejos de su zona de confort. Quizá vuelvan algún día a criar a sus hijos a Tonopah junto a sus familias, pero su futuro, ahora mismo, está a millas de aquí. Los últimos en abandonar su home town es la promoción de 2015 (Class of 2k15 para ellos). Un grupo de chicos y chicas excepcionales que seguro que seguirán dejando huella allí donde vayan.

  
 

Shopping 

¿Quién no ha soñado con emular a Julia Roberts en Pretty Woman comprando por Beverly Hills? Mi consejo: pasea por Rodeo Dr, fantasea, babea con sus escaparates, sus cochazos…pero a la hora de comprar, mejor cambia de barrio. En Melrose Avenue District puedes encontrar decenas de tiendas con ropa mucho más casual, original, vintage y de precio muy asequible. Si eres más de tiendas de segunda mano ésta también es tu calle.

Otra zona muy agradable para ir a pasear y comprar es  el Main Street de Santa Mónica, allí encontrarás un sinfín de tiendas pequeñitas (tomando como referencia el tamaño USA) con mucho encanto y prendas para todos los gustos y precios. Mi favorita, una joya llamada Varga – vale la pena entrar aunque solo sea para echar un vistazo-. Y para rematar la jornada de compras, qué mejor que tomarse algo en alguna de las terracitas de esta calle tan chic. 

Food time

A mi todo me da hambre y las compras todavía más. Si tuviera que recomendar un solo sitio en Los Angeles para comer éste sería el Farmers Market. ¿Por qué? Por su variedad. Se trata de un mercado donde encuentras todo tipo de manjares, también los más exóticos, y de buena calidad a buen precio y que, además, goza de zonas comunes para que cada uno pueda disfrutar de su comida compartiendo mesa eso sí con sus acompañantes a pesar de que sus gustos culinarios difieran mucho de los tuyos. Paseando por sus callejuelas seguro que se te abre el apetito y sino siempre puedes hacer un take away. Si eres de los que prefiere guisártelo tú mismo también estás en el lugar adecuado ya que aquí puedes encontrar productos de muy buena calidad y de todas partes del globo. También aquí se pueden encontrar los productos estrella de nuestro país con denominación de origen.

A pesar de que en el Farmers Market puedes comer sushi y del bueno, si eres amante de la cocina japonesa, mi apuesta es el Hara Sushi.  Con una buena relación calidad/precio y una carta amplísima, este local suele estar siempre bastante lleno, sin embargo la espera no suele exceder los 15 minutos ya que se trata de un local bastante grande y, además, los yankkes no hacen sobremesa. Un plus – por si hacía falta- un día a la semana suelen poner los rolls a mitad de precio. Otro Japo: Echi Sushi, ésta último con terraza.

Y hablando de terrazas para mí la mejor es la del Ale House, situado en Venice (mi paraiso urbano). Es un restaurante de comida orgánica de calidad, con un ambiente exquisito y muy buen rollo.  Tanto que la primera vez que fuimos con nuestro amigo Iñigo, los de la mesa de al lado nos regalaron una jarra de cerveza entera que les había ganado la batalla aquel viernes. ¿Os he dicho que, además, su apetecible terraza está abierta todo el año y que tiene vistas al mar? Mejor imposible, ¿no?

Cultura LAS 

Tres pinceladas de la historia de Nevada en tres rincones de Las Vegas:

Cementerio de Neones: Conocer la historia de Las Vegas a través de sus neones. Éste es, sin duda, uno de los lugares más cool de la ciudad del pecado. Durante una hora y media, entusiastas guías te transportan a Las Vegas de mitad del siglo pasado repasando a través de los luminosos las peripecias de esta peculiar ciudad. Muy recomendable.

Atomic Testing Museum: Entre el período comprendido entre 1951 y 1992 se realizaron 928 pruebas nucleares en Nevada Test Site.  Si te interesa todo lo que tiene que ver con la Guerra Fría y la era atómica, no puedes perdértelo. Este museo ha dedicado una de sus salas a la polémica Área 51, un espacio mucho más distendido donde podrás probarte unas gafas con visión alienígena y escuchar testimonios de aquellos que han vivido experiencias extraterrestres, entre otras cosas.

The MOB Museum Siempre hay que dejar algo pendiente para ver en una ciudad y así tienes excusa para volver, ésta puede ser una de ellas.

Soy una común in-armada a la que le resulta un tanto inquietante que el vecino de al lado pueda tener una pistola en su mesilla de noche. O peor, en la guantera de su coche. Aunque tampoco me obsesiona la idea. Hasta el momento, exceptuando mi visita a The Gun Store, solamente he visto a un civil con un arma enfundada (a la vista). Fue en un bar en Beatty (NV). Música country como banda sonora, billetes de un dolar firmados por las paredes y un hombre entrado en años, al que parece pesarle la vida, con una pistola recostada en su cinturón de piel. Hecho que, al parecer, no inquietó a nadie más que a mí. Afortunadamente, la noche trascurrió sin ningún sobresalto que requiriera de un desenfundado a lo John Wayne.

Ayer volví a ver un arma de fuego, en la tienda del pueblo. Los ojos se me fueron directamente al cinturón sin caer ni cuenta de quién era su dueño. Hice un barrido hasta llegar a la insignia dorada de su polo negro, se trata de Mike, el Sheriff del Condado. Su gesto amable me acabó de convencer de que podía seguir a lo mío sin la menor de las preocupaciones. Estuvo un rato rebuscando dentro de una caja de zapatos puntas para cazar; cuando terminó le indiqué a Shirley, la dependienta, que podía cobrar al jefe primero en un alarde de generosidad, que no de peloteo. “Hay que tener a la autoridad contenta”, pensé. O al menos no cabrearla demasiado.

Así como no es habitual ver a civiles armados por la calle, también os diré que éste no es un tema tabú. Hace un par de semanas me enteré de que dos amigas disponen de armas de fuego en casa, una de ellas tiene siete rifles de caza y la otra de una pistola pequeña para defenderse. No se jactan de ello pero tampoco tienen miramientos a la hora de compartir tan sensible información (al menos, para mí). Cuando les explico que en España no es un derecho el poder disponer de armas de fuego, se quedan un tanto atónitas. Sin embargo también los hay que, dándole una patada a la discreción, alardean de su “juguetito” cual Ferrari a pie de calle.

Con tanta devoción por estos artilugios es normal que los sheriffs, police y demás cuerpos tengan que andar con pies de plomo. También cuando por ejemplo, paran a un vehículo tras cometer una vulgar infracción de tráfico. Esa imagen tan típica de las películas de los agentes acercándose a los vehículos con la mano acariciando la pistola, listos para desenfundar, es un calco de la realidad y una escena muy recurrente en cualquier carretera del país. Y personas con la cabeza recostadas sobre el capó del coche y esposados también, pero a eso ya volveremos otro día.

Se me quedó grabada una frase del manual de conducir de NV: “Recuerda que usted sabe en todo momento con quién está tratando (refiriéndose a un agente), sin embargo él no sabe a quién tiene delante”. Lamentablemente, yo tampoco conozco a la mayoría de mis vecinos. Por suerte (si es que podemos encomendarnos a ella en estos temas), donde trabajo han prohibido la entrada de cualquier tipo de arma de fuego. Quizá esa sea la razón por la cual Ron aparcaba en el párking de visitantes…

*Texto escrito el 24/1/14.

Hace justo cuatro años nos dijeron que nos mandaban a vivir a un recóndito rincón de Nevada. Mi preocupación entonces era si en los tres años que duraría mi exilio sería capaz de integrarme. Sin vacilar empecé a trabajar en ello (sin acento tejano). Empecé a ponerme las series y películas en inglés (“qué coñazo” -pensé al principio) e incluso llegué a quitar los subtítulos, me forcé a entenderlos y, aunque tuve más fracasos que aciertos, no desistí. Me apunté también a un intensivo de conversación para demostrarme a mí misma que estaba haciendo “algo” de provecho para mi futura nueva vida. A decir verdad, no es que pusiera demasiado empeño. Tampoco hice mucho más. Con un aprobado raspado en inglés, me puse a chafardear. ¡Bendito internet! Una foto me bastó para aclimatarme a lo que sería mi nuevo hogar. Enseguida entendí que debía despedirme, no sin pena, de mis tacones (a los que ahora apenas extraño), de los vestiditos de salir y de aquella ropa que no “pegaba” en Tonopah. Mi raciocinio me obligó a decantarme por la ropa cómoda, más difícil me resultó encontrar calzado adecuado. Yo creo que por aquel entonces pensaba que me iba de expedición o algo. Lo descubrí el día que llegó el container con las cosas que mandamos de Madrid. No recuerdo las veces que hice y deshice las maletas. “Esto creo que al final me lo voy a llevar por si acaso” (aunque haga años que no me lo pongo), “sin embargo, esto otro mejor lo dejo”. Y así más de tres meses sumida en una indecisión vital en aquel momento para mí. Si había una prenda que no movía de la maleta eran las universales camisas de cuadros. Tan monas ellas, tan llevables. “Con el gorro de cowboy o de minero combinan a la perfección” -pensé. Por aquel entonces, tampoco tenía tantas. Al dar cuenta de ello empecé a comprar camisas de cuadros a granel. Todo pensando en mi integración, claro. Y cuando me di cuenta se me había ido de las manos. Ahora me doy cuenta de que no era la ropa, ni siquiera mis conocimientos de inglés lo que me haría encajar sino las mismas ganas de encajar. Y así fue. Creo que esto  sí lo conseguí.

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Para ir abriendo boca, un lugar auténtico donde los haya: el Peppermill, si seguís a Mario & Alaska (MTV) probablemente os suene. Se trata de un original restaurante ambientado en una pista de baile de los años 40 con lo mejor de la comida americana. Ración XL de colesterol en vena. Muy recomendable.

Si os decantáis por algo más ligero como la comida japonesa, anotad estos dos sitios: el Sushi Fever (tentaciones exquisitas y a buen precio como el love me tender) y el Dragon Noddle del lujoso Monte Carlo, donde se pueden saborear rolls, sahimis y nigiris de lo mejorcito; aunque eso sí, tendréis que aflojar un poco más de guita, pues los sirven a precio de oro (pedir sitio en el sushi bar). Siguiendo con la gastronomía asiática, otra opción buena y relativamente barata es un tailandés llamado Krung Siam, imprescindible probar los chicken saten como entrante así como el típico pad thai. Mi última recomendación en cuanto a comida oriental es el P.F Chang, una cadena de restaurantes chinos pero de buena calidad. Son deliciosos sus dumplings, noddles o el tuna tataki. Si sois de los que siempre reservan un huequecito para el postre, podéis pedir The Great Wall Of Chocolate, disponible también en versión mini servido en vasos de chupito.

Si lleváis muchos días fuera de casa o simplemente echáis de menos la comida de casa (española) y vuestro bolsillo todavía no se ha resentido de los excesos de Las Vegas, podéis parar en el Tapas de Julian Serrano, ubicado en el lujoso Aria Casino & Resort. Allí, el prestigioso chef español que da nombre al restaurante ofrece muestras de nuestra gastronomía. Si acabáis de aterrizar de la península pensareis que las raciones son escasas y que el bar de enfrente sirve tapas parecidas, cierto. Aun así, la experiencia vale la pena, y más para los que llevamos un tiempo lejos de casa. Como información adicional, decir que Julian tiene otro local llamado Picasso, con 2 estrellas Michelin, ubicado en el Bellagio.

Y para hacer bajar un poco la comida, que mejor que una copa. O varias. Como os podéis imaginar, esta ciudad dedicada al pecado ofrece un sinfín de posibilidades; os paso alguno de mis sitios favoritos. Empecemos por el Ghost bar. Este local situado en el último piso del Palms Hotel & Casino puede presumir de tener unas de las vistas más espectaculares de la ciudad. Suelen poner R&B y hip-hop, alternando con música pop y dance comercial. Lo mejor, sin duda, la terraza. Cambiamos de escenario. En pleno centro y con vistas al frenético Strip está el Bond bar (Cosmopolitan Hotel & Casino), donde enjauladas bailarinas con cuidados estilismos animan al personal al ritmo de las canciones del momento. Otro lugar con encanto es el Blue Martini  (en el centro comercial Town Square) está lejos del bullicio del centro de Las Vegas y ofrece un espacio más tranquilo. Pocos turistas llegan a este lugar, prácticamente dedicado a los locales. Perderse por Fremont Street siempre es una buena idea.

Dormir

Los Ángeles ofrece una amplísima oferta hotelera (algo más cara que su vecina Las Vegas, debido a los altos impuestos del estado más cool de US). Vayamos por zonas. Si te gusta -como a mi- la de Venice beach, una buena opción es el Super 8 de Curvey City, a 3 millas de la playa de Venice y a 5 minutos en coche del desmedido aeropuerto de LAX. El motel cuenta con habitaciones amplias y equipadas (con nevera, cafetera, etc), de decoración “vintage”  y ofrece desayunos -lo mejor, la máquina de gofres-, wifi y aparcamiento gratuitos.

Otra de las zonas que recomiendo es West Hollywood, allí abundan las cadenas de moteles con buena relación calidad-precio, aparcamiento y wifi gratis, como por ejemplo el Hollywood Inn o La Mirage Inn. Que quede claro que hablo de hoteles baratos, que rondan los $80 dólares la noche (unos 60 euros).

Si prefieres quedarte en el espectacular Down Town, mi opción es un albergue-hotel llamado  Stay on Main situado a 10 minutos del Staples Center andando. Cuidado al reservar habitaciones porque las hay que son con baño compartido. El hotel es una monada aunque al tratarse del centro de la ciudad las habitaciones son algo menos espaciosas, sin embargo, la decoración es bastante moderna, sobre todo, si la comparamos a la que nos tienen acostumbrados en este tipo de hoteles de bajo coste.

Quedarse en la zona LAX (Aeropuerto International de Los Ángeles) es otra opción, siempre y cuando no te moleste el ruido de los aviones. Digamos que las cadenas de moteles típicas (travelodge, etc)  no tienen demasiado bien aisladas las habitaciones. Esto no pasa en hoteles tipo Hilton o Ritz, donde no oyes ni un ruido sin embargo te cobran por todo. Suelen gozar de tarifas muy atractivas para el turista a las que, a posteriori, hay que sumar unos $30 dólares de párking por noche y wifi por cada aparato electrónico que quieras conectar. Y al final la dolorosa dista mucho de lo inicialmente esperado.

Un consejo, si estás de ruta y te quieres dar un capricho, mejor derrochar en Las Vegas, que allí el lujo se paga más barato y, además, puedes aprovechar más y mejor las instalaciones que te ofrecen, ya que en Los Ángeles, ¡no vas a pisar el hotel!

Shopping en LAS

Antes se salir, cual tiburón, a saciar tus ansias de consumo, un consejo: reservaros unos cuantos dólares para cubrir los costes de vuestra desidia ya sea en forma de sobrepeso o de maleta extra. Anotad también esto: En Nevada los impuestos son considerablemente más bajos que en la mimada California , por ejemplo, por lo que si estás de ruta por la Costa Oeste te interesa derrochar en Las Vegas antes que en el estado vecino. Nota 2: Tened en cuenta también que son las marcas americanas las que gozan de precios casi irrisorios si lo comparamos al coste que tienen en España. Un ejemplo: por 12 dólares (unos 8 euros) puedes comprarte unas zapatillas Vans. El ahorro en las marcas extranjeras es considerablemente menor.

El frikismo y la farándula de esta ciudad tan auténtica abren un abanico enorme de posibilidades: espacios de lo más variopintos, lugares únicos. Como peculiar, la tienda Bad attitude boutique-The corset store que puede presumir de tener como fiel clientela a cantantes-stripers-bailarinas residentes en Nevada.

Menos transgresor es el Fashion Show, uno de los centros comerciales más nuevos y completos de la ciudad, allí puedes encontrar casi todo y de todos los precios, desde la lujosa Neiman Marcus a la asequible Forever21. Aparte de las tan buscadas actualmente Abercrombie & Fitch y Hollister también puedes encontrar tiendas como Free People  (ropa “boho-chic” setentera) o PacSun, allí descubrí marcas como Black Poppy, estilo surfero-californiano a precio más económico. Un indispensable, la famosa línea de lencería Victoria’s Secret, dispones de otra tienda en el Casino Caesars Palace, que además de cerrar a las 11pm tiene mucha más oferta en cuanto a bañadores.

Si buscas marcas a buen precio, Las Vegas Premiun Outlets es tu lugar. Esta cadena dispone de dos centros comerciales en la ciudad. Yo, personalmente, me quedo con el situado en el norte, eso sí debes tener en cuenta que se trata de un recinto al aire libre por lo mejor visitarlo cuando el calor no apriete en exceso. En la misma línea, tienes tiendas como Marshalls y/o los almacenes Ross. Dress for less (ubicadas generalmente en lo que llaman plazas o malls) que también ofrecen ropa de marca -entre otras cosas- casi regalada. Sin embargo, a menudo no es tan fácil encontrar lo que buscas, quizá tenga algo que la cantidad ingente de ropa por metro cuadrado, ordenada de manera caótica y por tallas en interminables burras.

Si quieres lujo, date una vuelta por el distinguido The Crystals, el Caesars Palace  y/o el Venetian, una galería de refinado aunque recargado gusto y de cielo azul. Tu bolsillo no se resentirá por echar una ojeada. Las grandes marcas son el escaparate perfecto para hoteles-casinos y centros comerciales. ¿Por qué tener un Tiffany’s cuando puedes tener uno en cada esquina? La exclusividad en esta ciudad algo ostentosa queda en entredicho.

Por si os quedáis con ganas de más, todo lo relacionado con compras en Las Vegas, lo podéis encontrar también aquí.

El 4 de Julio es, sin duda, el día más festivo del año en USA. Thanksgiving es quizá su celebración más importante, por delante de la Navidad, pero ambas tienen un componente mucho más familiar. El Día de la Independencia es la fiesta que les une, a todos y cada uno de ellos, y les hace sentir que forman parte de una gran FAMILIA. Azul, rojo y blanco y barras y estrellas se superponen de todas las formas habidas y por haber para vestir a los orgullosos estadounidenses y a sus mascotas, innumerables banderas ondean altivas en los porches, en sus “discretos” coches, en los comercios. No es que en un día cualquiera no se vean banderas por la calle, se ven, y muchas más que en otros lugares, pero el 4 de julio su omnipresencia es superlativa. Todo parece poco para celebrar el día grande de este país tan unido en su causa. Y aunque en los últimos tiempos la nación ha vivido una de sus etapas más política y socialmente polarizadas, días como éste permiten ver que la gente de a pie permanece unida: “UNITED WE STAND”. El “Happy 4th of July!”, se oye constantemente en las calles, engalanadas para la ocasión. Su entusiasmo se contagia, y su unidad despierta envidia.

Viví el 4 de julio de 2013 en uno de los lugares más bonitos de la costa oeste: Lake Tahoe. Me dicen, además, que su espectáculo pirotécnico está entre los 5 mejores del país (no me preguntéis que criterios utilizan para confeccionar este ranking). Era pues predecible que no se trataría de una celebración en petit commité, y tales temores se confirmaron en cuanto vi la marabunta de caminantes y tiendas de campaña plantadas desde primera hora de la mañana a la orilla del lago, acompañadas de mesas de juego, neveras y barbacoas por doquier. “Contra estos profesionales, no se puede competir”, pensé. Y tomé nota para el próximo año. No tuve que preguntar desde dónde se lanzarían los fuegos, sólo me hizo falta reparar hacia donde estaban perfectamente encaradas todas las sillas plegables y reposa-culos varios. Luego comprendí que mucha de la gente que estaba en este precioso lago disfrazado de playa no había venido a las 8 am para pasar un agradable día de playa sino para coger el mejor sitio para contemplar dicho espectáculo. Y ese momento llegó, puntual, a las 9:45pm.