Se puede venir a África y vivir la cómoda -aunque no siempre fácil- vida del expatriado. O se puede venir a sumar, por ti, y, sobre todo, por los demás. Prestarle atención a quienes no la reciben normalmente. Allanar el camino de aquellos que no tienen zapatos, quitarles alguna piedra del camino o brindarles calzado. Algunos “solo” quieren tu tiempo, ese eterno aliado al que culpamos y ponemos de excusa tantas veces. No es el caso de Cristina, Francisca, Begoña. Mamás que desafían a diario al reloj, arañándole horas para poder dedicarles ratitos a los que menos tienen, a los eternos olvidados por la gran mayoría. Ellas y otras tantísimas son un maravillosa excepción que marcan la diferencia sin buscarlo, desde la humildad.

Hoy Cristina me ha llevado a un sitio de estos que marcan la diferencia. Un rayito de luz enmedio de la difícil Jeppertown, uno de los barrios mas castigados y pobres de Johannesburgo. El proyecto Streetlight Schools se materializa en Jeppe Park Primary, reconocida como escuela desde hace solo un año y que ya cuenta con más de 150 niños. Pequeños que hace apenas unos meses no sabían coger un lápiz (literalmente) y que hoy plasman en redacciones, con una caligrafía enviable en muchos casos, que quieren ser maestros o bomberos. Jóvenes, con grandes bloqueos emocionales, que vienen de hogares rotos, violentos. Uno trae una pistola el primer día de cole. Otro va loco detras de las niñas.  ¡Lo que habrán visto/vivido en casa! ¡Qué “normalidad” tan cruel!

La escuela está ubicada en una antigua fábrica abandonada -como tantas- tras el fin del apartheid. En un barrio de esos por lo que no conviene perderse. Como tantos. Llegamos a la hora del almuerzo, para muchos su única comida del día. Nos reciben Melanie y Heidi, dos valientes empeñadas en ofrecer educacion de calidad a los menos favorecidos. La primera, abogada de buena familia (Smuts) con demasiadas inquietudes. Y la segunda es una experimentada maestra con las ideas clarísimas y con el método Workshop como bandera. El hermano de Melani, arquitecto e interiorista, mediante magia y a base de materiales reciclados y sostenibles, ha creado unos espacios únicos y a la altura de las galerías más cools de Arts on Main (que se encuentra a escasos metros de aquí).

Nada más llegar se disculpan por la falta luz, nos cuentan que el cuadro general ha fallado y el ayuntamiento debe reemplazarlo, sin embargo es tan antiguo como difícil de encontrar actualmente. Poco importa a alumnos y maestros. Además, las clases estan dotadas de grandes cristaleras que dejan pasar la luz. Y es que como dice su fundadora no se necesitan grandes instalaciones ni grandes medios para enseñar. Con poco se puede hacer mucho. Y este es el mejor ejemplo que he encontrado.

Por si queréis conocer un poquito más deste proyecto os paso este artículo de ABC: http://www.abc.es/sociedad/abci-ensenanza-calidad-low-cost-barrio-desfavorecido-201706080311_noticia.html

 

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Adaptarse o morir, que diría Darwin. Pues ya estoy tardando en hacerme con un gorro de lana. El tiempo, en Jozi, está cambiando y yo, mediosudafricana tras seis meses aquí, saco el jersey del armario cuando la temperatura baja de 23 grados. Y no estoy sola en esto, ni soy la más exagerada. Y es que el mercurio roza los 20ºC y mis vecinos locales sacan el forro polar. Esta mañana, sin ir más lejos, los de seguridad del complejo donde vivo lucían plumón, gorro y ponían hasta cara de frío. Yo, acusada de friolera en muchas ocasiones, iba en mangas de camisa (de cuadros, por supuesto). Ahora bien, es salir el sol y te sobra hasta la camisa.

Podría acostumbrarme a este tiempo. Primavera todo el año durante el día (siempre y cuando haga sol) y frío en las noches otoñales e invernales. El sol luce casi todos los días del año por lo que se está mejor fuera que dentro de las casas, que son frías como pocas. Prefiero la época de lluvia (primavera-verano) a la seca (otoño-invierno) pero el hecho de que el sol brille más y más intensamente alegra a cualquiera. No tanto que a las 19:00 sea de noche prácticamente todo el año. Por ponerle una pega a este tiempo monótono. Nada extremo. En las antípodas de mi querida Tonopah. Pensé que echaría de menos el frío, que poco me conozco a estas alturas todavía. No extraño los -20C que sufrimos alguna noche, ni sus consecuencias: que se congelaran las tuberías, por ejemplo. Sí echo de menos la nieve. Saltar de la cama cual niña chica, correr a la ventana y, al asomarme, ver un manto blanco que todo lo cubre, embelleciendo cada rincón hasta el punto de convertirlo en el pueblo más bonito. Sacar la cámara y no parar de disparar, como si fuera la primera vez que veo la nieve. La misma ilusión. Me da que aquí, en Sudáfrica, no voy a tener demasiadas instantáneas de este tipo. Me comentan los lugareños que nevó (ligeramente) en Johannesburgo en 2011, lo cuentan como algo anecdótico por lo que no creo que nos toque vivirlo. Aunque si tengo mono de nieve siempre puedo acercarme a Drakensberg, por ejemplo, a unas 4-5 horas de casa en coche. 

De momento, he guardado las chanclas en el armario, más que nada por no desentonar con mis vecinos que ya calzan botas de invierno (forradas con pelo dentro en algunos casos). Y del bañador ni hablamos primero porque la playa ni la olemos desde aquí y segundo porque la piscina (abierta todo el año) estaba ya helada en verano por lo que no me quiero ni imaginar cómo estará ahora. Así que no esperéis foto de mis pies este año. Mi verano ya pasó, aunque este otoño primaveral no está nada mal tampoco.

  

Siempre me ha dado mucha pereza el apelativo “bloguera”. No me identifico como tal pese a que, de vez en cuando, escribo. Empecé el blog en Tonopah como vía de escape, de supervivencia si quieres. Ni siquiera se me ocurrió a mí la idea.

Pero lo cierto es que escribir me ayuda. Releer me ayuda. A mí y a mi torpe memoria. Me sirve de mecha para encender y revivir momentos mágicos, duros, especiales. Me ha dado alas y me ha quitado el sueño también. Lo he necesitado, lo he abandonado y retomado. Hay entradas que se escriben de una tirada, que apenas revisas y publicas immediatamente, sin más dilación. Que escribes con el corazón o cuando algo te lo ha tocado. Siento que soy más sincera, más real aquí que en las redes sociales que te empujan a mostrar lo feliz que eres.  No, no todo es bueno. Ni siempre tengo días felices. Hay días que no tengo ganas de escribir, que no me salen las palabras. Otros que me salen y prefiero guardarlas bajo llave. Solo para mí.  Éste fue uno de esos días. Lo escribí hace demasiado (el 17 de mayo de 2013, concretamente) y se quedó allí olvidado en el cajón desastre de los borradores, como tantos. Hasta hoy.

“No siempre me cruzo con el Sheriff de mi Condado, me sacan a bailar cowboys o recibo un regalito en la PO BOX. Cualquiera de estas cosas, me puede alegrar el día. Hoy no ha pasado nada (ni bueno ni malo). No le quiero dar más importancia porque no la tiene. Sólo es un día más que pasará. Un día que no me inspira. Hoy no es uno de esos días pero también cuenta. Unas veces tan arriba que no alcanzo ver el suelo, otros tan cerquita de él. No pasa nada (mamá, papá) y pasa todo: os echo de menos, solo eso.”

 

Cuando esta mañana leía en Twitter que cinco leones se habían escapado de Parque nacional Kruger (KNP) pensé: “Ya estamos otra vez con el bulo de los depredadores que se fugan. Alguien se ha levantado gracioso”. Curiosamente, ni un aviso en los  chats alarmistas, ni en Facebook. Será que queda muy lejos. Sin embargo, no parece ser una broma esta vez (si es que la otra lo fue). La policía de Mpumalanga ha confirmado la noticia.

Para mi tranquilidad no creo que decidan hacernos una visita a los vecinos de Sandton, no veo qué les podría interesar de la ciudad. Las últimas noticias les sitúan cerca de la frontera con Swazilandia, al sur del parque. Fueron unos conductores los que alertaron a las autoridades tras avistar a la manada cerca de una autopista (N4) la noche del lunes. La niebla parece estar aliada con los felinos y ha dificultado en gran medida la búsqueda a primera hora de la mañana. A dicha búsqueda se han unido los guardabosques del KNP imagino que para cerciorarse de que no les pegan un tiro a las primeras de cambio. Que no es que sea la intención de las autoridades locales, a no ser, claro está, que sea extrictamente necesario (o sea que presente una “amenaza  real” para los vecinos). Al menos así reza el comunicado oficial. Hace apenas una hora, las autoridades anunciaban que 1 de los 5 leones ha sido capturado. Y, al rato, confirmaban que ya son 4 los leones apresados. Por ahora no hay más detalles del estado de las fieras. Solo recordar dos datos: que estos depredadores pueden llegar a pesar 250 kg  (el parque no puede confirmar el tamaño de los fugitivos) y que calculan que unos 2.000 ejemplares habitan en el Kruger.

En un intento por sacarle hierro al asunto, los ingeniosos de siempre compartían sus memes en la red social del pájaro azul.

 

 

¡Qué lejos queda ya el puente de mayo! Aquí en Sudáfrica fue uno de los fines de semana  más largos del año -si te lo montas bien-. Empezó el jueves y lo hizo a lo grande, con el festivo que conmemora el Día de la Libertad. El 27 de abril de 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas y con sufragio universal, en las cuales Nelson Mandela fue investido presidente del país. El Día del trabajador cerró este acueducto.

Cinco días que dan para mucho si te planificas bien. No es mi caso. Llego tarde, como de costumbre, para el destino estrella en estas fechas: Durban. Por “cercanía” (6h30 en coche desde Johannesburgo), por temperatura (más suave que Cape Town en esta época del año) y por lugares como Umhlanga y Ballito (Dolphin coast). Precios prohibitivos que poco importan porque hay una ocupación del 100%. No, no me consuela el hecho de que sea uno de los peores fines de semana para viajar, por el tráfico, las aglomeraciones y los desorbitados precios. Mis ganas de salitre y brisa marina, frustradas. En un intento desesperado por huir de la ciudad, cambio de escenario: Drakensberg (montaña) es mi nueva obsesión. Sin embargo, corro la misma suerte. Desisto y descarto, con pena, la idea de escaparme de Joburg.

“¡En casa tampoco se está nada mal!”, me consuelo. Y, tampoco hace falta irse muy lejos para pisar un pedacito de paraíso en este país. Un rincón de estos es el Walter Sisulu Botanical Garden. Un remanso de paz a escasos 40 minutos en coche del bullicio de Sandton con una preciosa cascada que quita protagonismo a plantas y flores de lo más exóticas, de colores vistosos, formas singulares y aromas que embriagan. Muy cuidado y familiar, un lugar para perderte sin prisas. Poco tiene que ver con el botánico al que solemos ir de picnic, en Emmarentia Dam, inabarcable parque cuyo lago, a pesar de no tener una playa como tal, hace las delicias de los amantes del Kayak, así como de los canes y patos.

Planes sin salir de Joburg

El domingo es, indiscutiblemente, día de mercadillo. Y como aquí cierran todo tan pronto (sobre las 15:00-16:00), llegas a tiempo de tragarte la peli mala y echarte una siesta. Uno de mis favoritos por su variedad y dimensión es el de Rosebank, ubicado en la azotea del típico centro comercial con las mismas tiendas aburridas de siempre y de todas partes. Sin embargo, un día a la semana los artistas dan vida a este gris espacio con sus coloridos lienzos y la viveza de sus telas. Todo luce. Quesos y helados artesanales, mucha máscara y figuras talladas en madera y hasta una pareja bailando claqué que ameniza la visita. Arte -y del bueno- para todos los gustos y bolsillos desde muy poco, tanto que incluso regatear le hace sentir a uno un poco miserable. Más cool pero también  más caro es el Arts On Main, un mercadillo ubicado en el corazón de Johannesburgo (en el barrio de Maboneng), con toda la esencia de la ciudad, que alberga distinguidas galerías de arte y puestos de comida muy decentes.

Naturaleza y compras no están reñidos. Son muchos los mercadillos que cambian el asfalto de la ciudad por sus parques y jardines. Dos ejemplos: el de River Club y el de Fourways. Con cierto aire de mercadillo, en Amatuli sirven cafés y deliciosas muffins a la vez hacen gala de su artesanía expuesta en la galería.

Para comer bien, los sábados el Neighbourgoods Market es la mejor opción. Quizá no sea el lugar más tranquilo, suele estar abarrotado y cuesta encontrar un hueco en las largas mesas de madera, por lo que puede llegar a ser un poco agobiante. Sin embargo la comida es deliciosa y dispone de una terraza en la que suelen haber música en directo. Mi puesto favorito es Sumting Good, donde sirven las más golosas strips de pollo rebozado con parmesano rayado que he probado aquí.

Planes cerca de Joburg

En Johannesburgo no hay playa, de hecho está tan lejos como Los Angeles de Tonopah (unas 6 horas en coche). Por lo que, como ya hicimos en USA, aquí también tiramos de lagos. Hartbeespoort es un buen destino cuando tienes mono de agua. Sin llegar a ser tan espectacular como Lake Tahoe, la vista desde el teleférico y su presa de principios del siglo XX le dan un valor añadido a este pueblecito plagado de campos de golf y cuyos accesos al lago son mayoritariamente privados.

El próximo puente en Sudáfrica es el 16 junio: el Día de la Juventud (antes conocido como el Día de Soweto). Se conmemoran las protestas estudiantiles de 1975 en las que 20.000 alumnos de Soweto salieron a las calles a protestar por el sistema educativo, una de las medidas por las cuales se manifestaban era por la introducción del Afrikaans (idioma usado por los blancos) como medio de instrucción en las escuelas locales.

 

 

 

 

¿Qué puede llevar a los residentes de un municipio a quemar sus propias escuelas? Está pasando en Sudáfrica, concretamente en la provincia de Limpopo a 500 km de Johannesburgo. Y no es nada nuevo. Alrededor de 30 escuelas fueron incendiadas y vandalizadas en 2016 como protesta por la adhesión de Vuwani a un nuevo municipio. Asuntos étnicos, problemas de suministros y, sobre todo, impotencia por no ser escuchados. Eso alegan los residentes de más de 50 aldeas que ya no se manifiestan pacíficamente, que han pasado a la acción y eso se ha traducido en una violencia que no lleva a ninguna parte. La ministra de educación ha dicho esta semana que no empleará más dinero en reconstruir escuelas saqueadas. Y no lo harán, dice, porque el año pasado ya destinaron buena parte de sus recursos a reconstruir estas  escuelas quemadas por sus vecinos. Dinero que debía ser empleado para otros proyectos sociales que nunca vieron la luz. La realidad es que, a día de hoy, solo se ha reparado una de las 30  escuelas que sufrieron la ira de sus conciudadanos.

¿Qué tiene que ver la educación en todo esto? Todo y nada. Todo porque quizá si se abandonara la violencia y ambas partes estuvieran dispuestas a dialogar se podría llegar a una solución. El asunto ya ha pasado por los tribunales que ha fallado a favor del oganismo que regula las demarcaciones. Y nada porque los niños no tienen porque pagar la furia de sus padres, de sus vecinos contra el gobierno local. El mensaje que le están dando a los niños es que la violencia es una vía para solucionar un problema y que la educación no es una prioridad. Cuentan que 27.000 niños no han podido ir a la escuela en las últimas semanas, muchas de ellas no han inaugurado el año escolar (que aquí empieza en enero) y que ya se perdieron tres meses de cole en 2016  por el mismo motivo.

¿Porqué queman escuelas? Destruyen propiedades públicas y privadas para llamar la atención de los políticos. También bloquean carreteras quemando neumáticos y valiéndose de barricadas. El martes pasado dos personas murieron al chocar su vehículo contra una tubería que bloqueaba el paso. Se han apedreado vehículos y, desde el gobierno de Limpopo piden que se extremen las precaciones al circular por este municipio, especialmente a los motoristas.

Vuwani echa el cierre hoy de nuevo y ya suman dos semanas consecutivas de “apagón”. Un boicot que “continuará hasta que se cumplan sus demandas” de acuerdo con el que se proclama líder de la comunidad. Le pese a quien le pese y afecte a quien afecte. La educación puede esperar (muy a pesar de los alumnos).

Hoy es uno de esos días en los que desearía con todas mis fuerzas estar en casa. Es especiamente duro estar tan lejos. Y es que hoy, además de echar de menos a los míos, echo de menos mi ciudad. El día en que Barcelona se viste con pétalos y huele a papel. En cada rincón florecen paradas de rosas y libros. La gente regala, recibe y sonrie más. Hoy no me importaría pasear por las abarrotadas Ramblas, aunque eso signifique recibir algún codazo -sin mala intención, espero- de los que quieren abrirse paso en un mar de turistas sin prisas. A los que, por cierto, echamos la culpa por saturar nuestras calles y no permitirnos disfrutar de nuestra ciudad en plenitud.

Este año nos hemos traído un pedacito de la Diada a Johannesburgo. La excusa perfecta, además, para ponerle cara a catalanes y otros expatriados que solo “conocía” por whatsapp.  Un desayuno en un club deportivo, decenas de rosas, puntos de libros hechos a mano, libros para los peques (que se han tenido que ganar) y la lectura de la leyenda de Sant Jordi con su dragón, el caballero y la princesa sin nombre.