Rectificar es de sabios. Dicen. Y esta vez le ha tocado al director general de la Organización Mundial de la Salud (WHO por sus siglas en inglés). Tan pronto le da un cargo de embajador de Buena Voluntad a un colega de dudosa reputación, como se lo quita.

Hablo del etíope Tedros Adhanom Ghebreyesushe, primer africano en desempeñar dicho cargo para la OMS y su amigo el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe. Resula que el primero tuvo la brillante idea de nombrarle Embajador de Buena Voluntad de la OMS en la lucha contra las enfermedades no transmisibles (ENT). Brillante porque al segundo le han sancionado, precisamente, por violaciones reiteras de los derechos humanos.

Los hechos ocurrieron así. Hace un par de semanas el presidente, de 93 años, estuvo en Uruguay y fue allí donde el director general de la OMS anunció su nombramiento como embajador de buena voluntad. Una decisión que causó mucho revuelo. Y es que tanto la Unión Europea como Estados Unidos han sancionado a Mugabe por los infinitos abusos contra los derechos humanos cometidos por su gobierno. Privación de los derechos básicos y también torturas, amenazas, secuestros,  asesinatos, por nombrar algunos.

Todo ello llevó a Tedros a rectificar y “desnombrarlo” después de “escuchar la indignación y las preocupaciones expresadas por líderes internacionales y expertos en salud”. Según éste, lo hizo porque cree que es lo mejor para la OMS.

¿La reacción de Mugabe? Previsible.

Según su entorno, el nonagenario nunca fue “informado oficialmente de su nombramiento” y, por tanto, “no le pueden quitar algo que nunca tuvo”. Es más, su portavoz, George Charamba, aseguró que el máximo dirigente de Zimbabwe  se enteró por la prensa de su designación (algo que incluso a él había pillado por sorpresa) y que éste, de haberse realizado de mnera oficial, habría “rechazado el cargo ya que no está en el interés nacional de Zimbabwe desempeñar esa tarea”.

Así, todos contentos.

Más info sobre este tema:

http://www.abc.es/internacional/abci-escandalo-nombramiento-dictador-mugabe-como-embajador-buena-voluntad-201710211938_noticia.html

http://www.abc.es/internacional/abci-retira-cargo-embajador-buena-voluntad-mugabe-tras-protestas-201710221628_noticia.html

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Que yo me bajo. Apenas me he recuperado del mazazo del domingo y ya recibo otro golpe bajo: 59 muertos en Las Vegas, 200 heridos. Más crueldad, más violencia para un mundo perdido, enloquecido.

Quizá os suene un video que se hizo viral el año pasado por estas fechas en el que dos granjeros metían a un hombre en un ataúd y lo amenazaban con prenderle fuego. Pues bien, hoy se ha conocido la pena para estos dos sudafricanos: más de 10 años de prisión para cada uno de ellos.

La sentencia: 

Willem Oosthuizen, de 29 años, ha sido sentenciado a un total de 16 años, de los cuales cumplirá 11 en prisión. Por su parte, Theo Jackson, de 30 años, fue sentenciado a 19 años y se prevé que cumpla 14 de estos. Su pena es mayor debido a que éste quemó el ataúd y, por tanto, destruyó una prueba. 

Al dictar sentencia, la jueza Segopotje Mphahlele describió los crímenes como “atroces, repugnantes y deshumanizantes“. Según ésta los acusados “no tienen respeto por la ley y, por eso, se la tomaron por su mano”.

El 25 de agosto, el Tribunal de Magistrados de Middelburg dictaminó que Oosthuizen y  Jackson eran culpables de intento de asesinato, intimidación, secuestro y agresión con la intención de causar daños corporales graves. Los jóvenes fueron arrestados después de que el video sobre el incidente, grabado por ellos mismos, se hiciera viral el año pasado, provocando indignación en las redes sociales. En él aparecía Victor Mloshwa llorando y suplicando por su vida.

Durante su testimonio en la vista de agosto, Jackson dijo que nunca consideró que lo que le hicieron a Mlotshwa fuera incorrecto. La víctima espera que la sentencia que siente un precedente en los casos de racismo.

Plan dulce de sábado. Con madrugón pero sin prisas, salimos dirección norte, callejeamos más de la cuenta para no perder la costumbre (un día tendremos un susto cortesía de Google Maps). Creo que vamos tarde, es posible que ya no queden fresas. Aquí la gente salta de la cama en cuanto amanece. Y eso sucede sobre las 6:30. Por eso, sitios como éste, la Granja de fresas de Tangaroa, abren a las 7:30.  Y, lo peor, es que ya hay “domingueros” haciendo cola para entrar. No es nuestro caso: nos podemos quedar sin fresas pero llegar a los sitios antes de que abran no va con nosotros. Y hacerlo antes de las 10 de la mañana me parece hasta de mal gusto. Especialmente el fin de semana.

Este es mi resumen, en fotos, de una jornada en el campo.

A veces la justicia tarda en llegar. Demasiado. Si no que se lo digan a la familia del activista anti-apartheid Ahmed Timol. El Tribunal del Norte de Gauteng (Sudáfrica) ha dictaminado que el joven, de 29 años, no se suicidó precipitándose al vacío desde el décimo piso de la comisaría de John Forster si no que  fue empujado.

Timol fue un activista que luchó contra el gobierno de las minorías blancas en los años 60-70. Y por ello fue detenido en Johannesburgo en 1972; cinco días después de su detención murió tras “caer” por una ventda de la comisaría. Los oficiales que trabajaban ese día aseguraron que el joven se había quitado la vida, un veredicto respaldado por una investigación llevada a cabo entonces.

La familia del fallecido nunca aceptó este veredicto y logró que se reabriera el caso en junio, 45 años después de la muerte del activista. Según esta última investigación, Timol habría sido una víctima más de la brutalidad del apartheid.

Recientemente, activistas de los derechos humanos en Sudáfrica denunciaron que, entre 1963 y 1990, 73 personas habían muerto mientras se encontraban bajo custodia policial. Ningún agente fue responsabilizado por dichas muertes que fueron archivadas como accidentes o suicidios.

Una historia de tantas.

Tengo vuestro nostálgico otoño. Razón: aquí.

¡Devolvedme la primavera! Que ni siquiera la hemos olido. Finiquitada la época seca, llega la estación de las flores que viene, como no, cargadita de diluvios, de fríos días grises. El verde se impone en sus calles y  los árboles lucen espléndidos, como pintados por el mejor artista. Días cambiantes, inciertos. Amanece soleado y, tímido, se esconde para ceder protagonimo a los nubarrones que descargan sin piedad. La tormenta está lejos de terminar pero, en algún momento, volverá a brillar el sol.

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Esta mañana tenía la esperanza de que todo hubiera sido un sueño, o mejor dicho, una pesadilla. Hablo, claro está, de lo acontecido ayer en mi ciudad, Barcelona. Brutalidad en estado puro. Pero el dolor no viene de porras ni pedradas. El dolor viene por el odio profundo de unos a otros. Las ganas de herir al compañero, al conocido incluso al amigo. “Solo” por defender otras ideas. ¿Estamos todos locos? ¿Por qué este odio? ¿Por qué si quiera existen palabras como hispanofobia o catalonofobia? ¿Por qué nos tenemos tan poco respeto? ¡Qué poco nos queremos! No hemos aprendido nada.

Terrible arma la que tenemos todos en nuestras manos que nos convierte en monstruos apáticos. Escupimos veneno en lugar de hablar. Arrojamos piedras contra amigos, familia. Juzgamos. Prejuzgamos. Señalamos. Ayer, tras semanas ignorando el Facebook -con lo que he sido yo- colgué un video de violencia policial sin poner comentario alguno.  Ni tres minutos después empiezan a llover críticas procedentes de mi otra casa, Madrid. Tras un par de contestaciones  me doy cuenta de que eso ya no va conmigo; no quiero contribuir a crear más odio. Escucho a mi mejor amiga -que suele ser bastante más sensata que yo- y borro el video. El que me conozca sabe que costó pero no me arrepiento. No voy a entrar en su rueda, ni el de un bando ni del otro. No quería polemizar. No quería incomodar a nadie. No buscaba provocar, sí denunciar una situación que, a mi parecer, es injusta.

Cerré Facebook y abrí WordPress. Lo hice hasta en cuatro ocasiones -también después de muchos días ignorándolo por otros motivos- y lo volví a cerrar sin escribir un solo caracter. No era el día. Demasiados sentimientos encontrados. Pensé que hoy me sentiría algo mejor. Estaba equivocada. Estoy profundamente dolida. Abatida. Por tanto odio, tanta violencia. Tanta falta de empatía. Tanto rencor. Tan poco amor. Sin embargo, hoy -a diferencia de ayer- no me callo. Tengo voz, tengo opinión. Y quiero decir lo que ayer denuncié mediante un video: que no justifico ningún tipo de violencia, independientemente del uniforme que se lleve o bandera que se sostenga.

Y ya que estoy, apelar un poco a la cordura y al diálogo. Otro matiz. Aquí ni tu ni yo somos culpables. Ni tu ni yo hemos llevado al país a esta situación. Aquí los únicos responsables son los políticos de nuestro querido país que han sido incapaces de sentarse, de dialogar, de escuchar al otro. De hacer su trabajo por el que todos les pagamos. Pero, en cambio, somos tu y yo los que nos lanzamos bolas de goma.

Los que veis en mi escrito una posición política, una información sesgada, es vuestro problema. No el mío. Mis horas me ha llevado reunir el valor de esperar para expresarme. Quería huir de mi impulsividad que tanto daño me hace y que tantas noches en vela me ha traído. Siento mucho y muy intensamente y me duele el corazón literalmente al leer según qué cosas de gente que aprecio. Soy consciente de que éste sí es un problema mío. Ayer conseguí dormir tras muchas vueltas, gracias a unas disculpas que llegaron a tiempo. Sí, desde Madrid. Gracias a los dos, de corazón.