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Nos ha costado diez meses salir de la ciudad. Y nada más cogemos la autopista, casi nos sacan de ella: una enorme lona roja se despega de uno de los camiones que van delante y vuela por encima de nuestra luna sin llegar a impedirnos la visión, sin embargo nos distrae los suficiente como para no poder esquivar un palé de madera que también ha saltado y que aterriza delante nuestro. Le pasamos por encima y el coche da un salto que nos deja el corazón en un puño. Por suerte el susto no va a mayores. Pocos metros después un Audi volcado. Y nosotros preocupados por el tráfico, hay más peligro sobre el asfalto que en el township más conflictivo. Camiones y policías se disputan el dominio de la carretera. Gana la pobreza en estos 323 kilómetros. De Johannesburgo a Clarens en 10 fotos sin bajar del coche.

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¡Qué lejos queda ya el puente de mayo! Aquí en Sudáfrica fue uno de los fines de semana  más largos del año -si te lo montas bien-. Empezó el jueves y lo hizo a lo grande, con el festivo que conmemora el Día de la Libertad. El 27 de abril de 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas y con sufragio universal, en las cuales Nelson Mandela fue investido presidente del país. El Día del trabajador cerró este acueducto.

Cinco días que dan para mucho si te planificas bien. No es mi caso. Llego tarde, como de costumbre, para el destino estrella en estas fechas: Durban. Por “cercanía” (6h30 en coche desde Johannesburgo), por temperatura (más suave que Cape Town en esta época del año) y por lugares como Umhlanga y Ballito (Dolphin coast). Precios prohibitivos que poco importan porque hay una ocupación del 100%. No, no me consuela el hecho de que sea uno de los peores fines de semana para viajar, por el tráfico, las aglomeraciones y los desorbitados precios. Mis ganas de salitre y brisa marina, frustradas. En un intento desesperado por huir de la ciudad, cambio de escenario: Drakensberg (montaña) es mi nueva obsesión. Sin embargo, corro la misma suerte. Desisto y descarto, con pena, la idea de escaparme de Joburg.

“¡En casa tampoco se está nada mal!”, me consuelo. Y, tampoco hace falta irse muy lejos para pisar un pedacito de paraíso en este país. Un rincón de estos es el Walter Sisulu Botanical Garden. Un remanso de paz a escasos 40 minutos en coche del bullicio de Sandton con una preciosa cascada que quita protagonismo a plantas y flores de lo más exóticas, de colores vistosos, formas singulares y aromas que embriagan. Muy cuidado y familiar, un lugar para perderte sin prisas. Poco tiene que ver con el botánico al que solemos ir de picnic, en Emmarentia Dam, inabarcable parque cuyo lago, a pesar de no tener una playa como tal, hace las delicias de los amantes del Kayak, así como de los canes y patos.

Planes sin salir de Joburg

El domingo es, indiscutiblemente, día de mercadillo. Y como aquí cierran todo tan pronto (sobre las 15:00-16:00), llegas a tiempo de tragarte la peli mala y echarte una siesta. Uno de mis favoritos por su variedad y dimensión es el de Rosebank, ubicado en la azotea del típico centro comercial con las mismas tiendas aburridas de siempre y de todas partes. Sin embargo, un día a la semana los artistas dan vida a este gris espacio con sus coloridos lienzos y la viveza de sus telas. Todo luce. Quesos y helados artesanales, mucha máscara y figuras talladas en madera y hasta una pareja bailando claqué que ameniza la visita. Arte -y del bueno- para todos los gustos y bolsillos desde muy poco, tanto que incluso regatear le hace sentir a uno un poco miserable. Más cool pero también  más caro es el Arts On Main, un mercadillo ubicado en el corazón de Johannesburgo (en el barrio de Maboneng), con toda la esencia de la ciudad, que alberga distinguidas galerías de arte y puestos de comida muy decentes.

Naturaleza y compras no están reñidos. Son muchos los mercadillos que cambian el asfalto de la ciudad por sus parques y jardines. Dos ejemplos: el de River Club y el de Fourways. Con cierto aire de mercadillo, en Amatuli sirven cafés y deliciosas muffins a la vez hacen gala de su artesanía expuesta en la galería.

Para comer bien, los sábados el Neighbourgoods Market es la mejor opción. Quizá no sea el lugar más tranquilo, suele estar abarrotado y cuesta encontrar un hueco en las largas mesas de madera, por lo que puede llegar a ser un poco agobiante. Sin embargo la comida es deliciosa y dispone de una terraza en la que suelen haber música en directo. Mi puesto favorito es Sumting Good, donde sirven las más golosas strips de pollo rebozado con parmesano rayado que he probado aquí.

Planes cerca de Joburg

En Johannesburgo no hay playa, de hecho está tan lejos como Los Angeles de Tonopah (unas 6 horas en coche). Por lo que, como ya hicimos en USA, aquí también tiramos de lagos. Hartbeespoort es un buen destino cuando tienes mono de agua. Sin llegar a ser tan espectacular como Lake Tahoe, la vista desde el teleférico y su presa de principios del siglo XX le dan un valor añadido a este pueblecito plagado de campos de golf y cuyos accesos al lago son mayoritariamente privados.

El próximo puente en Sudáfrica es el 16 junio: el Día de la Juventud (antes conocido como el Día de Soweto). Se conmemoran las protestas estudiantiles de 1975 en las que 20.000 alumnos de Soweto salieron a las calles a protestar por el sistema educativo, una de las medidas por las cuales se manifestaban era por la introducción del Afrikaans (idioma usado por los blancos) como medio de instrucción en las escuelas locales.