A veces la justicia tarda en llegar. Demasiado. Si no que se lo digan a la familia del activista anti-apartheid Ahmed Timol. El Tribunal del Norte de Gauteng (Sudáfrica) ha dictaminado que el joven, de 29 años, no se suicidó precipitándose al vacío desde el décimo piso de la comisaría de John Forster si no que  fue empujado.

Timol fue un activista que luchó contra el gobierno de las minorías blancas en los años 60-70. Y por ello fue detenido en Johannesburgo en 1972; cinco días después de su detención murió tras “caer” por una ventda de la comisaría. Los oficiales que trabajaban ese día aseguraron que el joven se había quitado la vida, un veredicto respaldado por una investigación llevada a cabo entonces.

La familia del fallecido nunca aceptó este veredicto y logró que se reabriera el caso en junio, 45 años después de la muerte del activista. Según esta última investigación, Timol habría sido una víctima más de la brutalidad del apartheid.

Recientemente, activistas de los derechos humanos en Sudáfrica denunciaron que, entre 1963 y 1990, 73 personas habían muerto mientras se encontraban bajo custodia policial. Ningún agente fue responsabilizado por dichas muertes que fueron archivadas como accidentes o suicidios.

Una historia de tantas.