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Llevo días, que digo días, semanas, intentando terminar esta entrada. Ardua tarea la de sintetizar en pocas líneas tantas vivencias, tanto sentir. No consigo reunir el coraje para cerrar este capítulo. Tampoco me parece justo no hacerlo, así que ¡ahí va!

Tonopah me ha cambiado. Mucho. Me ha curtido, sacudido, conmovido. No soy la misma, ni mejor ni peor, distinta. Mi visión de muchas cosas también ha cambiado. De la soledad, por ejemplo, tras tres años y medio allí no solo me he acostumbrado a ella si no que he aprendido a disfrutarla. Y con esto no quiero decir que allí estuviera sola, he tenido la suerte de conocer a personas increíbles, las cuales espero que sigan formando parte de mi vida siempre (aunque, por desgracia, no pueda verlas todos los días ahora). Sin embargo, hay muchos momentos en los que tú eres todo lo que tienes y hay que salir a flote incluso en los días más grises.

Estos más de 40 meses han dado para ratillos duros, críticos incluso (soy un tanto dramática cuando me pongo). Y es que la soledad del primer momento y la distancia no son buenas compañeras de viaje. Alejarte tanto de lo conocido, salir de tu zona de confort y que sea durante tanto tiempo da mucho vértigo al principio. Empezar de cero no es sencillo, pero es muy gratificante, y una experiencia muy recomendable. Yo, sin dudarlo, repetiría.

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Poco me imaginaba, allá por enero de 2012, que encontraría mi lugar en aquel pedacito de desierto. Que vibraría cada fin de semana con el equipo local, los Muckers, y que lloraría cuando uno de sus entrenadores Harvey (Javier) nos dejaba por un maldito cáncer, poco después de llevar a su equipo de volleyball al Campeonato Estatal.

Mucho ha nevado desde que aterricé en la capital del Nye County cargada de dudas y de camisas de cuadros. Recuerdo como si fuera ayer el día que pisé por primera vez el Tonopah Times-Bonanza. Vestida para agradar y con cierto temor al rechazo. ¡Qué equivocada estaba! No solo encontré un trabajo hecho a mi medida que me permitió ganarme el cariño de mis vecinos, encontré una familia. Mis confidentes, mis maestros, mis referentes.

Y más que trabajo fue un regalo. No soy una “morning person”, sin embargo debo confesar que esperaba con anhelo que llegaran los jueves, y no solo para ver en papel los artículos que escribía (que también). ¡Qué bien sabía el hot chocolate de las 6 de la mañana mientras preparábamos los envíos de las suscripciones del Tonopah Times y repartíamos los diarios por los comercios locales! Qué poco me importaba el madrugón. Y qué bien entraban los “ligeros” desayunos gentileza de Burger King, Subway o Kozy Corner, un imprescindible para coger fuerzas y afrontar las visitas de los vecinos que venían al periódico en busca de su ejemplar y de un poco conversación.

Lo bueno no había hecho más que empezar. Llegaba el viernes y con él, el deporte local, sección en la que debuté como reportera dicho sea de paso. Concretamente, en baloncesto femenino, ¡qué más se puede pedir! La primera vez que entrevisté a un entrenador, Coach Eddie Cobb, me temblaban hasta las piernas. Fue paciente y comprensivo, como el resto de técnicos y jugadores que fueron víctimas de mi grabadora (sin excepción). Cada historia que contaba me unía aún más a esta pequeña gran comunidad.

Allí conocí el sentido de periodismo cercano hecho por y para el pueblo. Sin formalidades ni formalismos incluso cuando recibimos la visita de un congresista, Crescent Hardy, que llegó conduciendo él mismo un Ford (como era de esperar) y acompañado únicamente por su directora de comunicación y un asesor. Campechano y cercano.

Carretera y manta (On the road)

Las 80.000 millas que tiene nuestro atrotinado Ford Focus atestiguan que han sido tres años moviditos. Y es que tener Los Angeles a 6 horitas de coche, San Diego a 7h, San Francisco a 8h es un verdadero lujo que hay que exprimir al máximo, y un peligro también. Es increíble lo rápido que te haces a las largas distancias en este inmenso país (distancias que ya consideramos medianas o incluso cortas). Pero no hace falta irse “lejos” para disfrutar de rincones de ensueño: Mammoth (CA) y Lake Tahoe (CA) están a un suspiro de casa y Las Vegas, a un paseíto.

Chicago, Nueva York, Washington, Baltimore, Portland, Seattle, Salt Lake City, HAWAII, Gran Cañón, Yosemite, Death Valley y Muse, Imagine Dragons, The Offspring, The Postal Service, David Copperfield, Calvin Harris, Aviccii, David Guetta, Cirque Du Soleil, Lakers vs Clippers, San Diego Chargers vs Denver Broncos, etc. Son solo algunos de los lugares, artistas y espectáculos que han pasado a engordar nuestra lista de vivencias inolvidables. Y es que este país tiene tanto que ofrecer que no te lo acabas ni queriendo. Demasiado que procesar en aquel momento, ahora lamento no haber podido saborearlo más lentamente.

De todo lo que me ha dado este país me quedo con su gente sin dudarlo. Parlanchines, amables, complacientes, tan patrióticos ellos. Exageradamente polite a veces, tanto que te cambia los esquemas y cuando vuelves llega a mosquearte, por ejemplo, que tu vecino con el compartes escalera desde hace 15 años no sepa ni tu nombre o que un dependiente prefiera seguir plegando camisas a dedicarte un saludo en una tienda. Está claro que carburan distinto en el otro lado del charco.

Lejos ya del vasto desierto de Nevada, afincada en Madrid, y a la espera de una nueva aventura que me permita seguir creciendo y conocer rincones del mundo tan especiales como éste al que decimos hasta pronto. Pero no sin antes darle las gracias. Por todo lo que me has dado, que es mucho más de lo que nunca imaginé, ty (thank you) Tonopah, we had the time of our lives!


Cultura LAS 

Tres pinceladas de la historia de Nevada en tres rincones de Las Vegas:

Cementerio de Neones: Conocer la historia de Las Vegas a través de sus neones. Éste es, sin duda, uno de los lugares más cool de la ciudad del pecado. Durante una hora y media, entusiastas guías te transportan a Las Vegas de mitad del siglo pasado repasando a través de los luminosos las peripecias de esta peculiar ciudad. Muy recomendable.

Atomic Testing Museum: Entre el período comprendido entre 1951 y 1992 se realizaron 928 pruebas nucleares en Nevada Test Site.  Si te interesa todo lo que tiene que ver con la Guerra Fría y la era atómica, no puedes perdértelo. Este museo ha dedicado una de sus salas a la polémica Área 51, un espacio mucho más distendido donde podrás probarte unas gafas con visión alienígena y escuchar testimonios de aquellos que han vivido experiencias extraterrestres, entre otras cosas.

The MOB Museum Siempre hay que dejar algo pendiente para ver en una ciudad y así tienes excusa para volver, ésta puede ser una de ellas.

 

Para ir abriendo boca, un lugar auténtico donde los haya: el Peppermill, si seguís a Mario & Alaska (MTV) probablemente os suene. Se trata de un original restaurante ambientado en una pista de baile de los años 40 con lo mejor de la comida americana. Ración XL de colesterol en vena. Muy recomendable.

Si os decantáis por algo más ligero como la comida japonesa, anotad estos dos sitios: el Sushi Fever (tentaciones exquisitas y a buen precio como el love me tender) y el Dragon Noddle del lujoso Monte Carlo, donde se pueden saborear rolls, sahimis y nigiris de lo mejorcito; aunque eso sí, tendréis que aflojar un poco más de guita, pues los sirven a precio de oro (pedir sitio en el sushi bar). Siguiendo con la gastronomía asiática, otra opción buena y relativamente barata es un tailandés llamado Krung Siam, imprescindible probar los chicken saten como entrante así como el típico pad thai. Mi última recomendación en cuanto a comida oriental es el P.F Chang, una cadena de restaurantes chinos pero de buena calidad. Son deliciosos sus dumplings, noddles o el tuna tataki. Si sois de los que siempre reservan un huequecito para el postre, podéis pedir The Great Wall Of Chocolate, disponible también en versión mini servido en vasos de chupito.

Si lleváis muchos días fuera de casa o simplemente echáis de menos la comida de casa (española) y vuestro bolsillo todavía no se ha resentido de los excesos de Las Vegas, podéis parar en el Tapas de Julian Serrano, ubicado en el lujoso Aria Casino & Resort. Allí, el prestigioso chef español que da nombre al restaurante ofrece muestras de nuestra gastronomía. Si acabáis de aterrizar de la península pensareis que las raciones son escasas y que el bar de enfrente sirve tapas parecidas, cierto. Aun así, la experiencia vale la pena, y más para los que llevamos un tiempo lejos de casa. Como información adicional, decir que Julian tiene otro local llamado Picasso, con 2 estrellas Michelin, ubicado en el Bellagio.

Y para hacer bajar un poco la comida, que mejor que una copa. O varias. Como os podéis imaginar, esta ciudad dedicada al pecado ofrece un sinfín de posibilidades; os paso alguno de mis sitios favoritos. Empecemos por el Ghost bar. Este local situado en el último piso del Palms Hotel & Casino puede presumir de tener unas de las vistas más espectaculares de la ciudad. Suelen poner R&B y hip-hop, alternando con música pop y dance comercial. Lo mejor, sin duda, la terraza. Cambiamos de escenario. En pleno centro y con vistas al frenético Strip está el Bond bar (Cosmopolitan Hotel & Casino), donde enjauladas bailarinas con cuidados estilismos animan al personal al ritmo de las canciones del momento. Otro lugar con encanto es el Blue Martini  (en el centro comercial Town Square) está lejos del bullicio del centro de Las Vegas y ofrece un espacio más tranquilo. Pocos turistas llegan a este lugar, prácticamente dedicado a los locales. Perderse por Fremont Street siempre es una buena idea.

Shopping en LAS

Antes se salir, cual tiburón, a saciar tus ansias de consumo, un consejo: reservaros unos cuantos dólares para cubrir los costes de vuestra desidia ya sea en forma de sobrepeso o de maleta extra. Anotad también esto: En Nevada los impuestos son considerablemente más bajos que en la mimada California , por ejemplo, por lo que si estás de ruta por la Costa Oeste te interesa derrochar en Las Vegas antes que en el estado vecino. Nota 2: Tened en cuenta también que son las marcas americanas las que gozan de precios casi irrisorios si lo comparamos al coste que tienen en España. Un ejemplo: por 12 dólares (unos 8 euros) puedes comprarte unas zapatillas Vans. El ahorro en las marcas extranjeras es considerablemente menor.

El frikismo y la farándula de esta ciudad tan auténtica abren un abanico enorme de posibilidades: espacios de lo más variopintos, lugares únicos. Como peculiar, la tienda Bad attitude boutique-The corset store que puede presumir de tener como fiel clientela a cantantes-stripers-bailarinas residentes en Nevada.

Menos transgresor es el Fashion Show, uno de los centros comerciales más nuevos y completos de la ciudad, allí puedes encontrar casi todo y de todos los precios, desde la lujosa Neiman Marcus a la asequible Forever21. Aparte de las tan buscadas actualmente Abercrombie & Fitch y Hollister también puedes encontrar tiendas como Free People  (ropa “boho-chic” setentera) o PacSun, allí descubrí marcas como Black Poppy, estilo surfero-californiano a precio más económico. Un indispensable, la famosa línea de lencería Victoria’s Secret, dispones de otra tienda en el Casino Caesars Palace, que además de cerrar a las 11pm tiene mucha más oferta en cuanto a bañadores.

Si buscas marcas a buen precio, Las Vegas Premiun Outlets es tu lugar. Esta cadena dispone de dos centros comerciales en la ciudad. Yo, personalmente, me quedo con el situado en el norte, eso sí debes tener en cuenta que se trata de un recinto al aire libre por lo mejor visitarlo cuando el calor no apriete en exceso. En la misma línea, tienes tiendas como Marshalls y/o los almacenes Ross. Dress for less (ubicadas generalmente en lo que llaman plazas o malls) que también ofrecen ropa de marca -entre otras cosas- casi regalada. Sin embargo, a menudo no es tan fácil encontrar lo que buscas, quizá tenga algo que la cantidad ingente de ropa por metro cuadrado, ordenada de manera caótica y por tallas en interminables burras.

Si quieres lujo, date una vuelta por el distinguido The Crystals, el Caesars Palace  y/o el Venetian, una galería de refinado aunque recargado gusto y de cielo azul. Tu bolsillo no se resentirá por echar una ojeada. Las grandes marcas son el escaparate perfecto para hoteles-casinos y centros comerciales. ¿Por qué tener un Tiffany’s cuando puedes tener uno en cada esquina? La exclusividad en esta ciudad algo ostentosa queda en entredicho.

Por si os quedáis con ganas de más, todo lo relacionado con compras en Las Vegas, lo podéis encontrar también aquí.

Leyendo ¡Consume! 1 y 2 alguno se puede quedar con las mosca detrás de la oreja: Muy bien, la economía americana se sustenta en el consumo interno (y así es, el autoconsumo ronda el 70% del PIB), pero ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo en estos tiempos de crisis (la de ellos mucho más llevadera que la nuestra) se sostiene este modelo? Pues bien, sin entrar a valorar la sostenibilidad ambiental o moral de este sistema, una cosa está clara, para consumir como ellos hay que disponer de unos ingresos generosos. Y he aquí la respuesta al enigma. Aparte de tener un paro relativamente bajo que ronda el 8% -cifra que sin embargo es considerada nefasta para lo que son sus parámetros habituales-, sus salarios son considerablemente más boyantes que los nuestros. Incluso en periodismo, uno de los oficios peor remunerados. Por contra, los precios de la mayoría de bienes y servicios son, dólar arriba euro abajo, parecidos. Es decir, gozan de un poder adquisitivo mucho mayor.

Así, todos con un trabajo (o varios), todos con un horario amable y todos con dinero en el bolsillo. Lejos de prescindir del personal su solución es apostar por el recurso humano  como pilar de la economía. Mal del todo no les va, y por algo llevan (todavía) la batuta.

Ni que decir tiene que esto no pretende ser un análisis económico, no osaría jamás enfundarme una de las chaqueta de Sala i Martín, ni literal ni figuradamente, sólo aspiro a comprender un poco mejor los entresijos de esta sociedad pragmática y eficaz, que no deja de asombrarme. En particular, me fascina la facilidad que tienen para sacarse trabajos de la chistera. Trabajos que en España nos parecerían ridículos. Ellos los dignifican y les dan un empaque inusitado. Entre estas ocupaciones peculiares se cuentan las siguientes:

El “empaquetador“: dícese de la persona que, en la caja de los supermercados, mete todos y cada uno de los productos de tu compra en las bolsas de plástico (aquí no ha llegado la moda de las bolsas reutilizables, aunque tampoco te cobran por ellas). Te guste o no, tampoco te da tiempo a protestar que ya tienes toda tu compra pulcramente organizada y a punto para llevar.

Los “botones de baño” son una especie de mayordomos que te aprovisionan de papel de wc, cremas, perfumes, papel para secarte las manos e incluso tabaco o gominolas en los baños de los clubes de Las Vegas. En el caso de ellas, hace también las veces de cuidadora, incluso de consejera, y da conversación en las eternas colas que se forman en los restrooms femeninos.

El “saludador” suele ser la primera cara visible en determinados comercios o centros de ocio. Lo reconoceréis porque sonríe demasiado, suele ser parco en palabras y un tanto repetitivo. Su función es estrictamente esa, la de saludar, que para otros menesteres ya están los dependientes o los puntos de información.

Y, por último, uno de los puestos más útiles -sin tener a menos los anteriores- es el de “ordenador de colas” (véase en aeropuertos, en el remonte de la estación de esquí, en las seguridad social, etc.). El terror de los turistas foráneos más pícaros -en EEUU suelen ser bastante honestos y civilizados de por sí, así que el ordenador de colas tiene parte del trabajo hecho-.

La mayoría de estos trabajos probablemente no tendrían salida en España, y su modelo quizá no se pueda, o no se deba, importar. Pero tal vez no sea mala idea estudiar ciertas fórmulas para reducir el desempleo en España. Al fin y al cabo de parados andamos sobrados y de pícaros, también.

El lugar idóneo para gastar todo el dinero que tengas (y el que no también) es Las Vegas, una ciudad canalla, sin horarios y diseñada por y para el consumidor. La maquinaria del derroche está perfectamente engrasada y funciona con precisión, sirviéndose de tres engranajes principales: oferta non stop, un servicio complaciente en exceso y comodidad absoluta en el acceso al ocio.

A los que adolecemos de una volátil voluntad, nos resulta extremadamente complicado no caer rendidos a todo cuanto tiene que ofrecer esta urbe. Tiendas como Victoria’s Secret (ubicadas en el Caesars o Palazzo) abren hasta medianoche para el deleite de sus acólitos. Y no es la única. Si tus necesidades son más terrenales, te interesará saber que puedes hacer la compra a las tantas de la mañana en algunos supercenters como Wal-Mart (una especie de Carrefour engordado con clembuterol) que abre para ti 24/7. Un lujo al alcance de todos. Como también lo es poder saciar tu mono de cafeína con un tanque de Frapuccino de caramelo a cualquier hora del día. Cada casino dispone de innumerables restaurantes, bares y uno o dos clubes que, cual telaraña, envuelven la totalidad del espacio-tiempo. Hay fiestas y conciertos nocturnos y pool parties diurnas. Y así, las tentaciones se suceden, una tras otra, apabullándote.

Los americanos en general, y los veguenses en particular, son virtuosos en materia de captación de consumidores. Dominan los tempos y el show business y, aquí, el cliente definitivamente tiene siempre la razón, incluso cuando se equivoca. Un ejemplo bastante ilustrativo: En un restaurante cualquiera te pides una ensalada que resulta “no ser tu favorita” y te la acabas dejando entera, pues bien, ese plato desaparece de la cuenta por arte y gracia del camarero que, encima, se disculpa. ¿Habrán perdido 9 dólares? ¿O los habrán invertido en ganarse un cliente?

Como ves, su sagaz estrategia no es otra que poner todas las facilidades para que el consumidor no deje de gastar. ¿Por qué cobrar por un pedazo de suelo donde dejar el coche? Mejor construir parkings gargantuescos y gratuitos, que luego ya se dejarán todos sus ahorros en las salas de juego, en las tiendas o en las barras. Y la maniobra es efectiva: sueltas el dinero más a gusto pensando en lo que te has ahorrado en parking y bebidas ya que mientras estas sentado en una mesa de juego, el alcohol corre a cargo del casino (sólo te cuesta la propina a la camarera). Al final ya no sabes si bebes para seguir jugando o juegas para seguir bebiendo. En cualquier caso, si uno acaba demasiado perjudicado puede acudir al servicio de “autobuses” Hangover Heaven (El Cielo de la Resaca) que garantiza redimirte de las secuelas de los excesos etílicos en tan sólo 45 minutos y por un módico precio (desde 90 dólares). Música para los oídos de los más beodos. Pero que no te engañen, no lo hacen -exclusivamente- para liberarte de las terribles jaquecas, sino para que puedas seguir jugando, disfrutando, gastando. Las Vegas, cual perra del hortelano, ni duerme ni deja dormir.

Tengo que ir un momento al banco. Típico pretexto para arañar unos minutos a la insufrible jornada laboral. Al menos, en España. Cambiad de excusa porque aquí, en USA, hay sucursales que abren las 24 horas de día. Todo sea para poder satisfacer los caprichos de sus clientes, los más boyantes y los que no lo son tanto. La verdad, no esperaba menos del país consumista por naturaleza y, como una adicta más, aplaudo la iniciativa. Como yo, hay gente que es incapaz de tomar decisiones -vitales según como- cuando el sol está alto y el mercurio marca 90ºF (32ºC). Si es tu caso, y vives en ciudades como Nueva York, que sepas que puedes pedir un crédito a las 3 de la mañana si te place. Esto acarrea peligros varios. Yo, de entrada, prohibiría el acceso a personas que superen la tasa de alcohol de 0.08. Sí, señores, los créditos aquí también hay que devolverlos, y una noche de borrachera puede costarte más que una simple resaca.

Sea rentable o no, una sucursal de este tipo ofrece un servicio impagable a sus clientes. Ellos no tienen que aguantar estoicamente las colas que se forman en los bancos españoles -sin discriminar horarios-, ni salir antes del trabajo para llegar a la carrera antes de que cierren. Lamentablemente, nuestros bancos no pueden ayudarnos más allá de las 3 de la tarde (en la mayoría de los casos). Por pequeñas cosas como ésta te das cuenta de que este país no es potencia mundial por casualidad. Algunos se lo trabajan. El capitalismo mueve su mundo, consumamos pues, aunque nos cueste el sueldo del mes.