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No soy atleta. Aunque también tuve mi particular maratón. Una carrera de fondo que empezó en febrero. Y que todavía no ha terminado. Sabes que la meta está ahí delante aunque no puedas verla. Y  el objetivo es llegar (de la mejor manera posible).

Tras meses de carreras al registro civil, súplicas al funcionario de turno para agilizar los trámites y lloriqueos varios, reúnes todo lo necesario para tu última prueba, el examen final. En medio de esa vorágine de dudas y miedos, llega el día de la entrevista en la Embajada americana. Martes 25 de octubre de 2011, 16 h. En la larga espera hasta la hora de la cita, tienes tiempo para pensar en todo lo que dejas y en lo que te espera. Y te das cuenta de que ya no hay marcha atrás. Aguantas la respiración. Resoplas. No sé vosotros pero yo cuando se presenta una oportunidad me cubro de pesimismo; las inseguridades me comen. Odio tomar decisiones, tanto da si se trata de temas importantes o triviales, como qué McPollo me pido. Esta vez, la decisión estaba tomada, pero no por eso fue más fácil.

Cola para acceder al edificio situado en la calle Serrano 75 de Madrid. Y tú que entras sin intención de molestar, esperando que el funcionario tenga un buen día, luciendo la mejor de tus sonrisas -que de poco te sirve ante la impasible dama de mirada helada que tienes delante-. Te refugias en el de al lado con la vista clavada en el mostrador, evitando todo contacto visual, como cuando el profesor busca una víctima a la que preguntar la lección en clase. Pero esta vez no te libras. Llega tu turno: un par de preguntas personales sin más intención y, zas, la pregunta del millón: ¿Qué vas a hacer en los Estados Unidos? (“Ojalá lo supiera”). Tu cabeza toma la delantera y empieza a cavilar sin permiso. Vuelve a embriagarte la idea del sueño americano -y cuando se trata de soñar, me sobra imaginación-. De repente, te ves entrevistando a Tom Brady a pie de campo el día de la Super Bowl. Despiertas. Contestas con sinceridad pero sin poner demasiado entusiasmo y dejando la idea de comerte el mundo apartada por unos instantes. No son tiempos para soñadores (ni quisiera en America, donde el tema del trabajo también les trae de cabeza). Actualmente, Estados Unidos tiene una tasa de paro del 9% (en España soñamos con alcanzar esa cifra). Y toda persona que quiera trabajar en su país debe demostrar que está muy bien cualificada y que su trabajo no podría desempeñarlo un americano por X razones. No es mi caso, larga vida a Oprah!

Media hora después ya estás fuera de la Embajada. Y sin pasaporte (requisado hasta nueva orden). La espera fue larga y sólo duró tres días. APROBADOS! Respiras. Tienes permiso para vivir en Estados Unidos…..hasta 2014! Prueba superada.

P.D. Me parece ver a Tom Brady guiñándome el ojo desde la terraza del bar de enfrente.

Así empezó todo. Sin buscarlo, sin quererlo. De repente, tienes una oportunidad delante que nadie te deja rechazar. Mientras tú has estado toda la vida aferrándote a lo conocido, a lo viejo, a lo aburrido. No, no me gustan los cambios. Ni soy valiente. Pero esta vez fingí serlo y me fui. ¿El Destino? Dicen que Estados Unidos. La realidad: Tonopah (Nevada).

Un pueblo situado a medio camino entre Las Vegas y Reno. Donde hay más personas trabajando para el sheriff del condado que habitantes (entre unos y otros, suman 3.000). De una única calle principal -la misma carretera Veterans Memorial Hwy-, con una sola tienda de ropa, el Post Office, un gimnasio, el food market, una decena de restaurantes y otros tantos moteles de carretera (uno de ellos, con leitmotiv de payasos que es realmente desconcertante). Eso sí, tiene un equipo de baloncesto, los Muckers (de la liga escolar), que es el orgullo de este pueblo minero fundado en 1901 por un buscador de plata. Cuando juegan los Muckers en casa, todos se vuelcan con su equipo. Tropiezas con pancartas de  apoyo en la carretera, lo anuncian en los luminosos…Nadie falta a la cita, ni el mismísimo sheriff. Tampoco las cheerleaders. Aquí como en las pelis, o eres deportista o animas a los deportistas. Y, como no podía ser de otro manera, el entrenador de las chicas del High School Tonopah, las Lady Muckers, es un extrabajador del Nye County Court House Sheriff ya retirado. ¿Es o no es como en las pelis?

De lo primero que te das cuenta cuando llegas a USA es que los guionistas de Hollywood no tienen nada de imaginación. Se limitan a recrear escenas de la vida cotidiana americana. Y tú llegas aquí embriagado por el sueño americano y terminas en un pueblecito que ni los vecinos californianos sitúan en el mapa (y eso que está a 1:30h de CA). Para que os hagáis una idea esto se acerca más a la América profunda de los hermanos Cohen que a Gossip Girl o Californication.

Pasado el susto inicial y tras casi dos meses viviendo aquí creo que ya puedo decir que soy una “tonopeña” más. Colaboro en el periódico local del condado de Nye (Tonopah Times-Bonanza), voy a hacer la colada a la lavandería (los viejitos me riñen si voy a hacerla otro día que  no sea el jueves, porqué es cuando ellos van a lavar la ropa), visito mi P.O. BOX (apartado postal) a diario esperando recibir algún paquete de España (a poder ser  la revista Coure con un sobre de jamón dentro)…ah, y comparto gym con un grupo de mazaos que me ponen Heavy Metal para que no me duerma en la cinta (es mi hora de la siesta)…muy majos ellos y yo, cada vez más de pueblo. Eso sí, los fines de semana me escapo por patas a cualquier lugar. Aunque debo reconocer que el domingo tengo hasta ganas de volver a casa.

Lo malo de todo esto -por sacarle un pero – es lo de siempre: estar lejos de los tuyos. Concretamente a más de 9.000 km de casa (España) y con 9 horas de diferencia. Lo que significa que si te pasa algo interesante más tarde de las 3 p.m. (las 12 a.m en España), como, por ejemplo, que te saque a bailar un cowboy en un bar de Beatty, tengas que esperar hasta el día siguiente para poder contarlo. Por eso me he animado a escribir un blog. Para vomitar lo que me pase cuando me pase y los míos puedan leerlo cuando les plazca. Creo que  también puede ser una buena terapia para no acabar majara en este pequeño pero cada vez más acogedor pueblecito llamado Tonopah.

P.D. Os dejo me voy a hacer la colada 😉

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