Archivos para las entradas con etiqueta: primavera

Tengo vuestro nostálgico otoño. Razón: aquí.

¡Devolvedme la primavera! Que ni siquiera la hemos olido. Finiquitada la época seca, llega la estación de las flores que viene, como no, cargadita de diluvios, de fríos días grises. El verde se impone en sus calles y  los árboles lucen espléndidos, como pintados por el mejor artista. Días cambiantes, inciertos. Amanece soleado y, tímido, se esconde para ceder protagonimo a los nubarrones que descargan sin piedad. La tormenta está lejos de terminar pero, en algún momento, volverá a brillar el sol.

.

Anuncios

Adaptarse o morir, que diría Darwin. Pues ya estoy tardando en hacerme con un gorro de lana. El tiempo, en Jozi, está cambiando y yo, mediosudafricana tras seis meses aquí, saco el jersey del armario cuando la temperatura baja de 23 grados. Y no estoy sola en esto, ni soy la más exagerada. Y es que el mercurio roza los 20ºC y mis vecinos locales sacan el forro polar. Esta mañana, sin ir más lejos, los de seguridad del complejo donde vivo lucían plumón, gorro y ponían hasta cara de frío. Yo, acusada de friolera en muchas ocasiones, iba en mangas de camisa (de cuadros, por supuesto). Ahora bien, es salir el sol y te sobra hasta la camisa.

Podría acostumbrarme a este tiempo. Primavera todo el año durante el día (siempre y cuando haga sol) y frío en las noches otoñales e invernales. El sol luce casi todos los días del año por lo que se está mejor fuera que dentro de las casas, que son frías como pocas. Prefiero la época de lluvia (primavera-verano) a la seca (otoño-invierno) pero el hecho de que el sol brille más y más intensamente alegra a cualquiera. No tanto que a las 19:00 sea de noche prácticamente todo el año. Por ponerle una pega a este tiempo monótono. Nada extremo. En las antípodas de mi querida Tonopah. Pensé que echaría de menos el frío, que poco me conozco a estas alturas todavía. No extraño los -20C que sufrimos alguna noche, ni sus consecuencias: que se congelaran las tuberías, por ejemplo. Sí echo de menos la nieve. Saltar de la cama cual niña chica, correr a la ventana y, al asomarme, ver un manto blanco que todo lo cubre, embelleciendo cada rincón hasta el punto de convertirlo en el pueblo más bonito. Sacar la cámara y no parar de disparar, como si fuera la primera vez que veo la nieve. La misma ilusión. Me da que aquí, en Sudáfrica, no voy a tener demasiadas instantáneas de este tipo. Me comentan los lugareños que nevó (ligeramente) en Johannesburgo en 2011, lo cuentan como algo anecdótico por lo que no creo que nos toque vivirlo. Aunque si tengo mono de nieve siempre puedo acercarme a Drakensberg, por ejemplo, a unas 4-5 horas de casa en coche. 

De momento, he guardado las chanclas en el armario, más que nada por no desentonar con mis vecinos que ya calzan botas de invierno (forradas con pelo dentro en algunos casos). Y del bañador ni hablamos primero porque la playa ni la olemos desde aquí y segundo porque la piscina (abierta todo el año) estaba ya helada en verano por lo que no me quiero ni imaginar cómo estará ahora. Así que no esperéis foto de mis pies este año. Mi verano ya pasó, aunque este otoño primaveral no está nada mal tampoco.