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Sobre Marakele National Park y otras maravillas de Sudáfrica. Algo más grande que Pilanesberg, seguramente menos concurrido. Más virgen. Quizá tenga algo que ver que no haya imponentes lodges dentro del parque, solo un guest cottage (cabañas) y un par de campings austeros con pocos clientes. Hospedarse en el Shadai Guest House de Thabazimbi fue una buena idea, un lugar familar, acogedor y una ubicación inmejorable a tan solo 10 minutos en coche de Marakele. A este pedacito de paraíso, ubicado a poco más de dos horas de Johannesburgo, le avala su diversidad animal y la belleza propia del parque, de vertiginosos y estrechos caminos y salvaje vegetación (a pesar del seco  invierno). Esto pone a prueba la agudeza visual de sus visitantes y permite a sus habitantes -que van desde los tímidos leones a los desafiantes elefantes- tener cierta privacidad. Su paisaje teñido de amarillos y ocres -muy propios de esta época del año- hace que avistar determinados animales se convierta en un verdadero reto solo apto para los más pacientes. Los madrugadores suelen ser los más afortunados. Y es que los animales, no solo los depredadores, suelen esconderse en las horas más calurosas del día (que también incluyen los cortos días de invierno). Subir al mirador de Lenong es aventurado pero tiene recompensa.

Bela Bela

No muy lejos de allí (tras recorrer unos 100 kms por una monótona carretera amenizada eso sí por más animales), se encuentra una localidad llamada Bela Bela, en cuyos alrededores se ubican varias reservas naturales privadas y lodges como MabalingweMabula o Zebula. Quizá no se vean los Big 5, pero abundan los impalas, ciervos, jabalíes AKA “Pumbas”, zebras y los monos. Desayunar tan acompañado es un lujo al que no te acostumbras. Tan buscados como tímidos son las jirafas, los elefantes, los hipopótamos y los rinocerontes (depredadores aparte, claro).

Reservar games (safaris) no te garantiza su alistamiento pero aumenta las posibilidades.  Que esta experiencia sea exitosa o no dependerá, en gran medida, de la pasión del guía en cuestión y de su capacidad (o suerte) para encontrar a los vergonzosos y perezosos animales. Los hay tan entregados que bajan del jeep cada dos por tres para rastrear mejor sus pisadas y el estado de las defecaciones en el camino y te cuentan, por ejemplo, que las heces de elefante son un poderoso remedio contra la malaria. El humo que desprende al quemarla ahuyenta a los mosquitos y, además, descongestiona la nariz. Sorprende su aroma. Igual de interesante y más útil, según como, es la explicación sobre cómo hacerte un cepillo de dientes con una branquita de un matorral y la pasta, con hojas de lavanda, agua y cenizas de un fuego. A parte claro está, de la lección de biología: las peores paradas, las avestruces, cuyos cerebros caben en una cuchara y parece ser que suplen su falta de luces con agresividad.

Ruta recomendada

Quizá no se trate de la ruta más rápida ni más directa pero tomar la carretera de Hartbeesport para llegar tanto a Bela Bela (famosa sus piscinas naturales de agua caliente), como a Pilanesberg o Marakele es un acierto si no te importa perder unos minutos, a cambio ganas un paseo alrededor de su precioso lago y la posibilidad de atravesar una pequeña pero interesante presa de estilo romano (que quiere emular al Arco de Triunfo). El mirador a lo alto del teleférico goza de vistas que quitan la respiración (la subida no es apta para personas que sufran de vértigo).

Demasiado que ver. Tanto por descubrir.

Marakela National ParkIMG_4363Cebras @ MarakelaMás elefantes @ Marakela

Jirafas de Zebula img_7700IMG_4386El Shadai Guest HouseEl Shadai Guest Houseunnamed

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Sudáfrica nombra al primer capitán de rugby negro en 127 años de historia. El flanker Siya Kolisi, de 26 años, es un habitual de los Springboks y debutará como máximo estandarte ante Inglaterra. 

Nelson Mandela esperaba mucho del Mundial de Rugby de 1995 celebrado en Sudáfrica, había mucho más en juego que alzarse campeón del mundo. El líder revolucionario pretendía que, a través del deporte, se cerraran algunas heridas del Aparheid. Por ello, hizo de los Sprinboks el equipo del pueblo (y no sólo de la minoría blanca del país), y a Chester Williams, un héroe. Veintitrés años después del Mundial y cinco años después de la muerte del carismático líder, la selección nacional ha nombrado al primer capitán negro en los 127 años de historia. Su nombre es Siya Kolisi  y tiene 26 años. El flanker (ala) recibió el lunes el brazalete de capitán y debutará como tal el próximo 6 de junio ante Inglaterra durante una serie de tres pruebas (Test Match).

Kolisi es un habitual en los Springboks y es el capitán de su equipo, el Western Stormers. Su nombramiento como tal también en la selección es, además de merecido, simbólico. La federación de Rugby, que tiene un ojo puesto en el Mundial de Japón de 2019, sigue dando pasos hacia la inclusión y normalización. El joven fue vicecapitán con anterioridad pero ahora será el titular en tres partidos que disputarán contra Inglaterra en el continente africano. Antes de esta cita, los Springboks se miden a Gales en Estados Unidos y, en esta ocasión, el elegido para liderar al equipo es el afrikaner (término usado para denominar a los blancos) Pieter-Steph du Toit.

El director de rugby de Sudáfrica, Rassie Erasmus, confirmó la noticia cita el lunes: “Sé que Siya es un buen líder, y estoy emocionado por lo que puede ofrecernos. Siempre he entendido los problemas que existen en nuestro país y que forman parte de lo que somos. Intentamos corregir lo que hicimos en el pasado. No estoy intentando forzar las cosas”, explicó el seleccionador, Rassie Erasmus.

Reacciones en el mundo del rugby. La noticia llega tres años después del debut internacional senior de Kolisi, en la que fue nombrado hombre del partido contra Escocia. El jugador de 26 años ha acumulado desde entonces 28 apariciones en el Test, anotando cuatro tries.   Los expertos han aplaudido esta decisión, aunque para muchos llega tarde y todavía queda mucho camino que andar. “Un capitán negro de Bok es un buen comienzo, pero se debe hacer más”, dice el primer jugador negro de Springboks, Kaya Maltona.

No es el único: Otro jugador negro, Chiliboy Ralepelle, había llevado el brazalete de capitán del XV sudafricano en 2006, pero solo para un encuentro sin nada en juego contra una selección mundial que no tenía el rango de un test-match oficial.

Los orígenes de Kolisi. De origen humilde, el jugador perdió a su madre cuando tenía 15 años y se hizo cargo, además,  de sus hermanastros. Creció en la comunidad Zwide, a las afueras de Port Elizabeth. Un torneo juvenil, cambió su vida. Le otorgaron una beca que le catapultó hasta donde se encuentra hoy, en la cima del rugby internacional.  “Empecé a soñar de manera diferente, porque tenía todo lo que necesitaba”, recordó durante una entrevista reciente con World Rugby. En sus primeras pruebas provinciales, ni siquiera tenía un par de pantalones cortos de rugby, sino que jugaba con un par de boxers de seda.

El rugby ha sido considerado en Sudáfrica como un deporte reservado solo para blancos, especialmente durante el régimen del ‘apartheid’. Desde la llegada de la democracia en 1994, se ha abierto muy lentamente a la mayoría negra del país (80% de la población) y a la comunidad mestiza.

Hay héroes y SUPERHÉROES. Los que me encontré ayer por las calles de Parkmore eran bravos, nobles y tiernos como el algodón de azúcar. También había hadas y duendes. Alguna “brujilla”, mucho esqueleto y algún que otro zombie. Incluso un monje tibetano repitiendo helados de fresa. Sí, mamá, aquí también se celebra Halloween. Con sus calabazas, las arañas y sus telas y el famoso “Truco o trato”.  No llaman al timbre de las casas en busca de caramelos, lo cual puede resultar muy conveniente para no molestar a los vecinos que reniegan de esta fiesta yankee. En lugar de eso, ponen pequeñas “paraditas” a pie de calle y ofrecen, con amplias sonrisas, golosinas a los más pequeños y a sus fieles acompañantes. Un Halloween diferente en un país que no esperaba que lo celebrase. Otro año sin panellets. Papá, prepara el Suchard.

Quizá os suene un video que se hizo viral el año pasado por estas fechas en el que dos granjeros metían a un hombre en un ataúd y lo amenazaban con prenderle fuego. Pues bien, hoy se ha conocido la pena para estos dos sudafricanos: más de 10 años de prisión para cada uno de ellos.

La sentencia: 

Willem Oosthuizen, de 29 años, ha sido sentenciado a un total de 16 años, de los cuales cumplirá 11 en prisión. Por su parte, Theo Jackson, de 30 años, fue sentenciado a 19 años y se prevé que cumpla 14 de estos. Su pena es mayor debido a que éste quemó el ataúd y, por tanto, destruyó una prueba. 

Al dictar sentencia, la jueza Segopotje Mphahlele describió los crímenes como “atroces, repugnantes y deshumanizantes“. Según ésta los acusados “no tienen respeto por la ley y, por eso, se la tomaron por su mano”.

El 25 de agosto, el Tribunal de Magistrados de Middelburg dictaminó que Oosthuizen y  Jackson eran culpables de intento de asesinato, intimidación, secuestro y agresión con la intención de causar daños corporales graves. Los jóvenes fueron arrestados después de que el video sobre el incidente, grabado por ellos mismos, se hiciera viral el año pasado, provocando indignación en las redes sociales. En él aparecía Victor Mloshwa llorando y suplicando por su vida.

Durante su testimonio en la vista de agosto, Jackson dijo que nunca consideró que lo que le hicieron a Mlotshwa fuera incorrecto. La víctima espera que la sentencia que siente un precedente en los casos de racismo.

Plan dulce de sábado. Con madrugón pero sin prisas, salimos dirección norte, callejeamos más de la cuenta para no perder la costumbre (un día tendremos un susto cortesía de Google Maps). Creo que vamos tarde, es posible que ya no queden fresas. Aquí la gente salta de la cama en cuanto amanece. Y eso sucede sobre las 6:30. Por eso, sitios como éste, la Granja de fresas de Tangaroa, abren a las 7:30.  Y, lo peor, es que ya hay “domingueros” haciendo cola para entrar. No es nuestro caso: nos podemos quedar sin fresas pero llegar a los sitios antes de que abran no va con nosotros. Y hacerlo antes de las 10 de la mañana me parece hasta de mal gusto. Especialmente el fin de semana.

Este es mi resumen, en fotos, de una jornada en el campo.

A veces la justicia tarda en llegar. Demasiado. Si no que se lo digan a la familia del activista anti-apartheid Ahmed Timol. El Tribunal del Norte de Gauteng (Sudáfrica) ha dictaminado que el joven, de 29 años, no se suicidó precipitándose al vacío desde el décimo piso de la comisaría de John Forster si no que  fue empujado.

Timol fue un activista que luchó contra el gobierno de las minorías blancas en los años 60-70. Y por ello fue detenido en Johannesburgo en 1972; cinco días después de su detención murió tras “caer” por una ventda de la comisaría. Los oficiales que trabajaban ese día aseguraron que el joven se había quitado la vida, un veredicto respaldado por una investigación llevada a cabo entonces.

La familia del fallecido nunca aceptó este veredicto y logró que se reabriera el caso en junio, 45 años después de la muerte del activista. Según esta última investigación, Timol habría sido una víctima más de la brutalidad del apartheid.

Recientemente, activistas de los derechos humanos en Sudáfrica denunciaron que, entre 1963 y 1990, 73 personas habían muerto mientras se encontraban bajo custodia policial. Ningún agente fue responsabilizado por dichas muertes que fueron archivadas como accidentes o suicidios.

Una historia de tantas.

Tengo vuestro nostálgico otoño. Razón: aquí.

¡Devolvedme la primavera! Que ni siquiera la hemos olido. Finiquitada la época seca, llega la estación de las flores que viene, como no, cargadita de diluvios, de fríos días grises. El verde se impone en sus calles y  los árboles lucen espléndidos, como pintados por el mejor artista. Días cambiantes, inciertos. Amanece soleado y, tímido, se esconde para ceder protagonimo a los nubarrones que descargan sin piedad. La tormenta está lejos de terminar pero, en algún momento, volverá a brillar el sol.

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