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Adaptarse o morir, que diría Darwin. Pues ya estoy tardando en hacerme con un gorro de lana. El tiempo, en Jozi, está cambiando y yo, mediosudafricana tras seis meses aquí, saco el jersey del armario cuando la temperatura baja de 23 grados. Y no estoy sola en esto, ni soy la más exagerada. Y es que el mercurio roza los 20ºC y mis vecinos locales sacan el forro polar. Esta mañana, sin ir más lejos, los de seguridad del complejo donde vivo lucían plumón, gorro y ponían hasta cara de frío. Yo, acusada de friolera en muchas ocasiones, iba en mangas de camisa (de cuadros, por supuesto). Ahora bien, es salir el sol y te sobra hasta la camisa.

Podría acostumbrarme a este tiempo. Primavera todo el año durante el día (siempre y cuando haga sol) y frío en las noches otoñales e invernales. El sol luce casi todos los días del año por lo que se está mejor fuera que dentro de las casas, que son frías como pocas. Prefiero la época de lluvia (primavera-verano) a la seca (otoño-invierno) pero el hecho de que el sol brille más y más intensamente alegra a cualquiera. No tanto que a las 19:00 sea de noche prácticamente todo el año. Por ponerle una pega a este tiempo monótono. Nada extremo. En las antípodas de mi querida Tonopah. Pensé que echaría de menos el frío, que poco me conozco a estas alturas todavía. No extraño los -20C que sufrimos alguna noche, ni sus consecuencias: que se congelaran las tuberías, por ejemplo. Sí echo de menos la nieve. Saltar de la cama cual niña chica, correr a la ventana y, al asomarme, ver un manto blanco que todo lo cubre, embelleciendo cada rincón hasta el punto de convertirlo en el pueblo más bonito. Sacar la cámara y no parar de disparar, como si fuera la primera vez que veo la nieve. La misma ilusión. Me da que aquí, en Sudáfrica, no voy a tener demasiadas instantáneas de este tipo. Me comentan los lugareños que nevó (ligeramente) en Johannesburgo en 2011, lo cuentan como algo anecdótico por lo que no creo que nos toque vivirlo. Aunque si tengo mono de nieve siempre puedo acercarme a Drakensberg, por ejemplo, a unas 4-5 horas de casa en coche. 

De momento, he guardado las chanclas en el armario, más que nada por no desentonar con mis vecinos que ya calzan botas de invierno (forradas con pelo dentro en algunos casos). Y del bañador ni hablamos primero porque la playa ni la olemos desde aquí y segundo porque la piscina (abierta todo el año) estaba ya helada en verano por lo que no me quiero ni imaginar cómo estará ahora. Así que no esperéis foto de mis pies este año. Mi verano ya pasó, aunque este otoño primaveral no está nada mal tampoco.

  

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Acabo de venir de una fiesta de Navidad para perros. No es broma. Más de 50 canes, engalanados con lazos de colores navideños, campeaban por el River Club Field & Study mientras sus dueños brindaban con Moet & Chandon -imagino que por el nuevo año- en pantalones cortos y chancletas. ¡La Navidad ya ha llegado a Jo’burg! Que no os despisten los 28ºC, el espíritu de la natividad y sus varios sucedáneos comerciales ya se respiran hace días en los shopping malls, colegios, etc. FLASHBACK: Por estas fechas hace 4 años estábamos a punto de celebrar Thanksgiving en Nueva York a -5ºC. ¡Qué vueltas da la vida! Mejor no pararse a pensarlo y seguir cumpliendo sueños.

Primer cumplemes

Justo hoy cumplimos un mes en esta ciudad y, de momento, la realidad está superando las expectativas. Es otro ritmo, otro color, otra manera muy distinta de saborear la vida. No, no todo es idílico, sería un tanto empalagoso. Aún no he hecho gala de mi carácter quejica, ¿no?  Pues ahí va.

¡Qué mal llevo los madrugones! ¿Es necesario que el día empiece tan temprano en este lugar del mundo? Hoy, sin ir más lejos, el sol ha salido a las 5:08 am por lo que a las 6 de la mañana es completamente de día y, no, amigos, en esta parte del planeta tampoco hay persianas para los que solemos dormir a esa hora. A mí, que soy más de “no por mucho madrugar amanece más temprano”, no me queda otra que saltar de la cama, ponerme en marcha y esperar que Dios o el universo me ayuden. Y si se me pegan las sábanas ya se encarga Manya (la mujer que nos viene a ayudar a casa un par de días por semana) de hacer las veces de despertador, ya que suele venir entre 6:30 y 7 de la mañana. Este servicio suele estar incluido en el alquiler de la casa, así los arrendatarios se aseguran de que la su propiedad esté limpia y cuidada y también de que no metas a una persona que no sea de confianza. Tiene sentido y se agradece súmamente. Por tu parte debes “extender cortesía” (según pone en las instrucciones que nos dejaron, las cuales cubren desde el manual de usuario de la lavadora hasta los horarios de la piscina) y ofrecerle té, café y pan para desayunar. Fair enough.

Manya habla poco inglés, palabras sueltas, a veces creo que me habla en zulú y se extraña de que no la entienda. Sin embargo, no hay nada que una sonrisa no arregle. Solemos tirar  de comunicación no verbal. Me recuerda a cuando aterricé en Tonopah con mi torpe inglés (aún más que el actual), tirando de imaginación y gestos para hacerme entender. Y parece que aquí también nos vamos adaptando. Al menos cara a cara. El sábado pasado se nos ocurrió preguntarle por sms si había visto el Raid matabichos -sí, aquí también tenemos octavos pasajeros pero no tan encantadores como los tonopeños- y la mujer se personó en casa un domingo a las 8 de la mañana para darnos explicaciones (resulta que roció toda la casa y tiró el bote). ¡Y vive a dos horas de aquí! Quizá si la hubiéramos llamado nos hubiéramos entendido mejor, o quizá no. NOTA MENTAL: no volver a molestarla fuera del horario laboral.

Algo mejor que los madrugones llevo el tema del inglés (tendría delito después de hacer las Américas). Sin embargo, después de un mes en Sudáfrica todavía no se me ha hecho el oído a este acento tan de aquí. Reconozco que veces no sé si me hablan inglés, zulú o afrikaans. Hay 11 idiomas oficiales en Sudáfrica. El xhosa es más fácilmente identificable por los chasquidos que lo caracterizan. A los detractores del acento americano querría verlos yo aquí. Ahora entiendo a BJ que se ponía subtítulos cuando veía Juego de Tronos. Me serían muy útiles ahora. A pesar de ser un acento tan distinto también nos vamos entendiendo. Incluso en la carretera. Todavía no he hecho una rotonda en sentido contrario o al menos eso creo. Debo confesar que no daba un duro por mi misma en este asunto. ¡Benditos coches automáticos! Si no fuera por ellos otro gallo cantaría. Eso sí el limpiaparabrisas y el intermitente me están volviendo loca. A veces se suma a la fiesta el cambio de marchas que tampoco está donde debería. De momento voy superando la etapa de sentarme en el lugar del copiloto a conducir. Despacito y con buena letra.