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Me guardo pocas palabras para mí últimamente. Y no es que no tenga cosas de contar -que también podría ser-. Simplemente -si de simple tiene algo- me falta voluntad. Quizá me resulte más fácil escribir para otros. Lo cierto es que tengo más de diez entradas en la carpeta de borradores desde hace una eternidad, escritos que no me decido a retomar ni mucho menos a publicar. De algo que no sé si quiero hablar. Quizá algún día.

Mientras le doy vueltas, dejo un puñado de fotografías de mi ciudad. Porque cuando no salen las palabras, las imágenes pueden ser un buen comodín. ¡Salud y felices Reyes Magos!

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Rebozar croquetas de pescado cuando llevas 27 horas sin agua corriente y no sabes cuando volverá, quizá no seaa mejor idea.

Si hace un mes me preguntabas si prefería estar unas horas sin agua o sin luz, te hubiera dicho lo primero. Me retracto. Estar sin agua no tiene nada de romántico, ni gracia alguna. De poco sirven 5 litros de agua que guardaba “por si nos volvemos a quedar sin agua”. Porque sí, ha pasado más veces pero nunca tanto tiempo, ni había afectado a un area tan extensa. Prácticamente todo Sandton (nuevo centro financiero y su rensidencial) está seco. Algunos desde el lunes. A otros, les acaba de volver. No es nuestro caso. Sales en busca de provisiones y ¡sorpresa! No eres la única. Las estanterías (de agua) de cualquier supermercado, desiertas. Solo queda agua con gas y de sabores (también con gas). Y no queda otra que mendigar.

Decían que eran labores de mantenimiento. Resulta que se ha reventado una tubería y su reparación no es sencilla. Me precipité al atribuir el corte a la sequía y la falta de previsión. Y es que no han caído más que cuatro gotas desde que entraramos en la “supuesta” época de lluvia. Lo cierto es que hace un mes que las tardes debían estar pasadas por agua, con sus tremendas tormentas, sus truenos y relámpagos. Se echan de menos. Especialmente los días, como hoy, en los que se rozan los 32 grados. Sin noticias de la primavera otoñada que nos recibió cuando llegamos hace un año.

*Si lo sé me quejo antes, #waterisback

Hay héroes y SUPERHÉROES. Los que me encontré ayer por las calles de Parkmore eran bravos, nobles y tiernos como el algodón de azúcar. También había hadas y duendes. Alguna “brujilla”, mucho esqueleto y algún que otro zombie. Incluso un monje tibetano repitiendo helados de fresa. Sí, mamá, aquí también se celebra Halloween. Con sus calabazas, las arañas y sus telas y el famoso “Truco o trato”.  No llaman al timbre de las casas en busca de caramelos, lo cual puede resultar muy conveniente para no molestar a los vecinos que reniegan de esta fiesta yankee. En lugar de eso, ponen pequeñas “paraditas” a pie de calle y ofrecen, con amplias sonrisas, golosinas a los más pequeños y a sus fieles acompañantes. Un Halloween diferente en un país que no esperaba que lo celebrase. Otro año sin panellets. Papá, prepara el Suchard.

Plan dulce de sábado. Con madrugón pero sin prisas, salimos dirección norte, callejeamos más de la cuenta para no perder la costumbre (un día tendremos un susto cortesía de Google Maps). Creo que vamos tarde, es posible que ya no queden fresas. Aquí la gente salta de la cama en cuanto amanece. Y eso sucede sobre las 6:30. Por eso, sitios como éste, la Granja de fresas de Tangaroa, abren a las 7:30.  Y, lo peor, es que ya hay “domingueros” haciendo cola para entrar. No es nuestro caso: nos podemos quedar sin fresas pero llegar a los sitios antes de que abran no va con nosotros. Y hacerlo antes de las 10 de la mañana me parece hasta de mal gusto. Especialmente el fin de semana.

Este es mi resumen, en fotos, de una jornada en el campo.

Tengo vuestro nostálgico otoño. Razón: aquí.

¡Devolvedme la primavera! Que ni siquiera la hemos olido. Finiquitada la época seca, llega la estación de las flores que viene, como no, cargadita de diluvios, de fríos días grises. El verde se impone en sus calles y  los árboles lucen espléndidos, como pintados por el mejor artista. Días cambiantes, inciertos. Amanece soleado y, tímido, se esconde para ceder protagonimo a los nubarrones que descargan sin piedad. La tormenta está lejos de terminar pero, en algún momento, volverá a brillar el sol.

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Un atardecer -el último- en Sea Point (a las 18:38), el Maratón de Cape Town con más de 10.000 valientes y una carrera de 10 km con las mejores vistas; el último paseo marítimo por Waterfront y la visita fugaz al ayuntamiento. No hay tiempo para más. En la lista de pendientes: subir en funicular a Table Mountain, bañarme con tiburones u orcas. Si es que estas últimas han dejado algún tiburón blanco. En mayo y junio se encontraron varios escualos muertos cerca de la costa y apuntan a estos cetáceos como culpables. Desde entonces, son muy caros de ver por la zona. Quizá tenga suerte la próxima vez. Tal vez sea buena idea volver en diciembre coincidiendo con el verano. Dicen que es la mejor época. Espero que sea menos ventoso. Habrá más agua, eso seguro. Música para mis oídos -que largo se ha hecho el “invierno” sin una gota de lluvia-. Hasta entonces 12  fotos más de mis últimos instantes en Cape Town.

Soy muy de mar, pese a haber vivido los últimos 12 años lejos de él (Madrid, 7 Tonopah, 4 y Johannesburgo, 1). Es tener el agua cerca y todo me parece más bonito; seguramente sea cosa mía.

Al pisar Cape Town por primera vez tuve la misma sensación que cuando aterricé en Oahu: “¿Por qué tengo que vivir en Nevada, pudiendo estar (y trabajar legalmente) en Hawaii? Al trasladarle esto mismo a mis entonces vecinos tonopeños me miraron con cara de “está chalada”. Y es que a los yankees en general no parece gustarles la idea de estar limitados por nada y el mar no es una excepción. Son más terrestres que marinos (al menos esa sensación me llevé), más de carretera y manta. De coger la RV y recorrerse su infinito país.

Llevaba una semana anunciando a bombo y platillo que, si todo iba bien, el jueves conocería, al fin, Cape Town tras casi un año viviendo “aquí mismo”. Mis conocidos, vecinos y amigos ya me avisaron: “No vas a querer volver”. No se equivocaban. No es solo por el mar. Qué lugar más mágico, histórico, versátil. Si no fuera por el viento.

Aquí 15 rinconcitos de esta mítica ciudad a la que espero volver pronto.